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Misioneras y misioneros

Angélica María Diez, Misionera 

He conocido al Padre en el Centro Mariano de Olavarría (Argentina) después de dos años de contactos epistolares. El idioma no fue un obstáculo. Su corazón de Padre intuía de mí, más de lo que yo misma conocía. Siempre me animó y sostuvo. En la memoria de mi corazón conservo todo aquello que aprendí de él, que recibí de él y que él me confió, para hacerlo tesoro y ponerlo a disposición del Instituto. ¡Cuántas palabras, gestos, silencios, miradas cómplices de su humorismo, confidencias para llevar en la oración!
Muchas veces me confesé con él. Salía renovada “en gracia y santidad” como de la fuente bautismal, consciente y feliz de ser confirmada en la verdad del amor que Dios tenía por mí y me confiaba para que continuase entregándolo. Me sostuvo y guió a amar mi vocación, la misión, el carisma y me alentaba para que hiciera conocer esta realidad a través de la música. ¡Cuánto creía el Padre en la inspiración y en la música! ¡Cuánto gozaba en las noches comunitarias donde cantábamos un poco en italiano y un poco en castellano!
Gracias Padre, por haber encendido el espíritu misionero dentro de mí y haberme dado coraje, con tu vida y con tu testimonio, para abrirme a la gracia del Amor que fecunda.
Gracias Padre, por el amor delicado y confiado a la Virgen que me transmitiste y contagiaste.
Hasta pronto, tu hija, Angélica. (del libro “Un hombre, un sueño, una historia”, p. 65-66)

Anna Brizzi, Misionera 

Como director espiritual, tenía una atención particular a los movimientos del Espíritu. Recuerdo cuando a los dieciséis años, titubeante, fui a su estudio y le dije: «Yo siento que Dios me está llamando a la vida consagrada, a ser una Misionera, pero dentro mío hay un gran deseo de ser madre. ¿Cómo puede Dios sugerir a mi corazón dos deseos, ambos buenos, pero que en este caso no se pueden conciliar?». Con paciencia me indicó la colina que está detrás de la Casa de la Inmaculada y me preguntó si podía ver la otra ladera. Le respondí que no. «Confía y comienza…», me dijo. «A lo largo del camino entenderás que también hay una maternidad espiritual que va más allá de la maternidad física y te proporcionará mucha alegría». El Padre tenía razón. Después de 28 años de seguimiento de Cristo, vividos en Argentina y en los Estados Unidos, puedo decir que esta maternidad ha llenado mi corazón y, estoy segura, ha dado vida a muchos hermanos, por la bondad de la Inmaculada.  (del libro “Un hombre, un sueño, una historia”, p. 60-61)

Primer plano

Hoy más que nunca es vital abrirnos a la escucha del Espíritu para que, como Pueblo de Dios, desde el encuentro y el diálogo comunitario, discernamos nuevos caminos, para la presencia de la Iglesia y su renovación misionera.

Como ayudarnos

El Padre Luís Faccenda nace en San Benedetto Val di Sambro, un pueblo de Bolonia (Italia), el 24 de Agosto de 1920.

En sus libros y escritos están recogidas numerosas experiencias, catequesis, que reflejan su amor apasionado por Dios, por la Inmaculada.

Colección de artículos publicados en algunas revistas con motivo del centenario del nacimiento del padre Luis Faccenda.

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