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Datos biográficos Kolbe

Raimundo, que luego será Maximiliano Kolbe, nace el 8 de enero de 1894 en Zdunska Wola, no muy lejos de Lódz (Polonia), hijo de Julio y María Dabrowska.
En su adolescencia, se siente fascinado por los ideales de San Francisco de Asís y entra en el seminario menor de Leópolis de los Frailes Franciscanos Menores Conventuales.
Después del noviciado, es enviado a Roma, al Colegio Internacional de la Orden, para los estudios eclesiásticos. En el año 1915 se gradúa como filósofo y en el 1919 como teólogo.
Mientras Europa está convulsionada por la Primera Guerra Mundial, Maximiliano sueña una gran obra al servicio de la lnmaculada para el advenimiento del Reino de Cristo. La tarde del 16 de octubre de 1917, funda con algunos compañeros el Movimiento de la «Milicia de la Inmaculada». Su fin es la conversión y la santificación de todos los hombres bajo el patrocinio y por la mediación de la Virgen María.
En el año 1918 es ordenado sacerdote y en el 1919, completados los estudios eclesiásticos, regresa a Polonia, para dar comienzo, en Cracovia, a la labor de organizar y animar la Milicia de la Inmaculada. Como vínculo de unión entre socios y adherentes, funda la revista «El Caballero de la Inmaculada».
En el año 1927, alentado por el notable incremento de colaboradores consagrados y el creciente número de socios de la M.I., traslada el centro editorial a Niepokalanów, o «Ciudad de la Inmaculada», cerca de Varsovia, que llegará a acoger a más de 700 religiosos, dedicados a la utilización de los medios de comunicación social para evangelizar el mundo.
A fines de juliose escapa un prisionero. Como represalia, el Comandante Fritsch elige al azar diez compañeros del mismo bloque del prófugo, condenándolos injustamente a morir de hambre y de sed en el sótano de la muerte.
En medio del estupor de todos los prisioneros y hasta de los mismos nazis, el Padre Maximiliano se ofrece a sustituir a uno de los condenados, un padre de familia, al sargento polaco Francisco Gajowniczek.
De esa manera simple y heroica, el Padre Maximiliano desciende con los otros nueve prisioneros al sótano de la muerte, donde, uno detrás de otro, mueren, consolados, asistidos y bendecidos por un santo.
El 14 de agosto 1941, una inyección de ácido venenoso en el brazo izquierdo del Padre Maximiliano termina con su vida. Al día siguiente, su cuerpo es quemado en el horno crematorio y sus cenizas esparcidas al viento.
El 10 de octubre de 1982, en la plaza San Pedro, Juan Pablo II declara «Santo» al Padre Kolbe, afirmando que "San Maximiliano no murió, sino que dio la vida".
En el año 1930, con otros cuatro religiosos, el Padre Kolbe parte hacia Japón, donde funda «Mugenzai no Sono» o «Jardín de la Inmaculada» y edita una revista mariana al poco tiempo de su llegada.
En el año 1936, regresa a Polonia, solicitado por el crecimiento de la comunidad religiosa y por la expansión de las actividades editoriales, que incluyen «El Pequeño Diario», de gran repercusión en las clases populares.
El 1 de septiembre de 1939, estalla la segunda guerra mundial con todas sus hecatombes de víctimas y sus infinitos males. También Niepokalanów es bombardeada y saqueada. Los religiosos deben dispersarse. Los edificios son utilizados como albergue, para miles de prófugos.
El 17 de febrero de 1941 es arrestado por la Gestapo y encerrado en la cárcel de Pawiak, en Varsovia. El 28 de mayo del mismo año es deportado hacia el campo del exterminio de Auschwitz (Oswiecim), en el que se le asigna el número 16.670.
A fines de juliose escapa un prisionero. Como represalia, el Comandante Fritsch elige al azar diez compañeros del mismo bloque del prófugo, condenándolos injustamente a morir de hambre y de sed en el sótano de la muerte.
En medio del estupor de todos los prisioneros y hasta de los mismos nazis, el Padre Maximiliano se ofrece a sustituir a uno de los condenados, un padre de familia, al sargento polaco Francisco Gajowniczek.
De esa manera simple y heroica, el Padre Maximiliano desciende con los otros nueve prisioneros al sótano de la muerte, donde, uno detrás de otro, mueren, consolados, asistidos y bendecidos por un santo.
El 14 de agosto 1941, una inyección de ácido venenoso en el brazo izquierdo del Padre Maximiliano termina con su vida. Al día siguiente, su cuerpo es quemado en el horno crematorio y sus cenizas esparcidas al viento.
El 10 de octubre de 1982, en la plaza San Pedro, Juan Pablo II declara «Santo» al Padre Kolbe, afirmando que "San Maximiliano no murió, sino que dio la vida".

 

Primer plano

“En un momento de la vida Dios nos presenta un don: el don de la vocación, la invitación a la consagración a Él. Ese don va aferrado con un acto de fe profundo: de fe en su amor” (padre Luis Faccenda). 

Queremos compartir con gran alegría los 25 años de consagración a Dios de Zulema Tamaguzuku y los 40 años de Graciela Gallardo y Anna Gentile en nuestra familia consagrada.

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Novena a la Inmaculada La belleza de una mujer habitada por Dios 2 de Diciembre ♦️Para contemplar. «Estaba allí la Madre de Jesús» (Jn 2, 1-12). ♦️Para regalar a María. Me adelantaré a servir, estaré disponible, como María. ♦️Para presentar a María. Rezaré por el aumento de la fe, la esperanza y la caridad de todos los cristianos. ♦️Para meditar. Con frecuencia nos quejamos de la contaminación del aire, que en algunos lugares de la ciudad es irrespirable. Es verdad: se requiere el compromiso de todos para hacer que la ciudad esté más limpia. Sin embargo, hay otra contaminación, menos fácil de percibir con los sentidos, pero igualmente peligrosa. Es la contaminación del espíritu; es la que hace nuestros rostros menos sonrientes, más sombríos, la que nos lleva a no saludarnos unos a otros, a no mirarnos a la cara... La ciudad está hecha de rostros, pero lamentablemente las dinámicas colectivas pueden hacernos perder la percepción de su profundidad. Vemos sólo la superficie de todo. Las personas se convierten en cuerpos, y estos cuerpos pierden su alma, se convierten en cosas, en objetos sin rostro, intercambiables y consumibles. María Inmaculada nos ayuda a redescubrir y defender la profundidad de las personas. La Virgen nos enseña a abrirnos a la acción de Dios, para mirar a los demás como Él los mira: partiendo del corazón. A mirarlos con misericordia, con amor, con ternura infinita, especialmente a los más solos, despreciados y explotados (Benedicto XVI). #Maria #Abrazar #inmaculada
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