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Misión

"La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús" (Evangelii Gaudium,1).
El deseo de vivir y compartir la alegría del encuentro con Cristo nos anima y nos pone cada día en camino como discípulos –misioneros, con humildad y confianza, en el estilo de María, Estrella de la nueva evangelización. Misioneras y Voluntarios, juntos, colaboramos con la Iglesia universal y local, en una actitud de escucha de las exigencias del lugar donde nos encontramos, para ser una presencia mariana- misionera, a través de nuestro carisma específico.
En la elección de las actividades apostólicas no excluimos ningún lugar, ambiente, categoría o persona, sin embargo existen expresiones que, fieles a la tradición del Instituto y todavía actuales, constituyen la forma específica en el que operamos.
 

 

Primer plano

“En un momento de la vida Dios nos presenta un don: el don de la vocación, la invitación a la consagración a Él. Ese don va aferrado con un acto de fe profundo: de fe en su amor” (padre Luis Faccenda). 

Queremos compartir con gran alegría los 25 años de consagración a Dios de Zulema Tamaguzuku y los 40 años de Graciela Gallardo y Anna Gentile en nuestra familia consagrada.

Como ayudarnos

«El amor es el secreto de Dios. Delante a Él no existe el grande, el pequeño, lo mucho, lo poco, solo el amor» (padre Luis M. Faccenda)

Si tienes tiempo libre y deseas estar disponible, si tienes un talento particular para compartir

Nuestro trabajo y nuestras misiones se sostienen exclusivamente con tu generosidad.

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Novena a la Inmaculada La belleza de una mujer habitada por Dios 2 de Diciembre ♦️Para contemplar. «Estaba allí la Madre de Jesús» (Jn 2, 1-12). ♦️Para regalar a María. Me adelantaré a servir, estaré disponible, como María. ♦️Para presentar a María. Rezaré por el aumento de la fe, la esperanza y la caridad de todos los cristianos. ♦️Para meditar. Con frecuencia nos quejamos de la contaminación del aire, que en algunos lugares de la ciudad es irrespirable. Es verdad: se requiere el compromiso de todos para hacer que la ciudad esté más limpia. Sin embargo, hay otra contaminación, menos fácil de percibir con los sentidos, pero igualmente peligrosa. Es la contaminación del espíritu; es la que hace nuestros rostros menos sonrientes, más sombríos, la que nos lleva a no saludarnos unos a otros, a no mirarnos a la cara... La ciudad está hecha de rostros, pero lamentablemente las dinámicas colectivas pueden hacernos perder la percepción de su profundidad. Vemos sólo la superficie de todo. Las personas se convierten en cuerpos, y estos cuerpos pierden su alma, se convierten en cosas, en objetos sin rostro, intercambiables y consumibles. María Inmaculada nos ayuda a redescubrir y defender la profundidad de las personas. La Virgen nos enseña a abrirnos a la acción de Dios, para mirar a los demás como Él los mira: partiendo del corazón. A mirarlos con misericordia, con amor, con ternura infinita, especialmente a los más solos, despreciados y explotados (Benedicto XVI). #Maria #Abrazar #inmaculada
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