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Aprender a vivir en Dios - Invoquemos su Nombre

Aprender a vivir en Dios.

Invoquemos su Nombre

Damián Barneche

 

El nombre de Jesús tiene un magnetismo amoroso especial. Nos recuerda su presencia viva resucitada y resucitadora en medio de nosotros… cada vez que lo nombramos, decimos su nombre, lo hacemos presente, o, mejor dicho, nos despertamos a esta realidad que nos habita y trasciende.

Desde la antigüedad, cuando se habla de oración contemplativa, se usa la expresión “La oración del Nombre” o “Los que invocan el nombre de Jesús”. Desde las primeras comunidades cristianas se sabe que los discípulos de este Dios oraban invocando su nombre. ¿Cómo lo harían? ¿Se los imaginan solamente diciendo en voz alta el nombre de Jesús? ¿O se quedarían en silencio repitiendo e invocando con todo su ser el nombre de Jesús?

Para darnos luz en este tema nos ayuda nuestro amigo Francisco Jalics[1] quien nos dice “El nombre de Jesucristo representa su persona. A través de él nos vinculamos con Cristo mismo. El nombre es como el contacto visual de Pedro, cuando llegó hasta Jesús atravesando las aguas. Por esta razón, recomiendo repetir el nombre de Jesucristo hasta que descienda en nuestros corazones y esté presente en forma ininterrumpida. El nombre nos conduce a Jesucristo… repetimos el nombre con perseverancia, con entrega y escuchando, Jesucristo toma posesión de nosotros y penetra toda nuestra vida. Al convertirnos en herramientas en sus manos, nos transforma más y más en él. Nos transformamos en Cristo sobre la Tierra”.

El nombre de Jesús tiene un magnetismo amoroso especial. Nos recuerda su presencia viva resucitada y resucitadora en medio de nosotros. “Yo estaré con ustedes todos los días” nos lo prometió en su Palabra y por ello, cada vez que lo nombramos, decimos su nombre, lo hacemos presente, o, mejor dicho, nos despertamos a esta realidad que nos habita y trasciende.

Invocar su nombre mientras respiramos, es sumergirnos en el abrazo eterno de Dios que nos ama con entrañas de madre y nos espera como el Padre Misericordioso del Evangelio para encontrarse con nosotros siempre y cubrirnos con todo su amor. 

Acercándonos al final de este camino que recorrimos este año te dejo algunas últimas palabras para ayudarte en tu itinerario de oración personal:

 

No califiques tu oración. No está bien o mal. Ni lograda ni poco lograda. Es tu oración, es sagrada y es tu acto sublime de entrega a Dios donde te recoges para encontrarte con un amigo que sabes que te ama.

Paciencia y humildad. No hay que lograr nada. Simplemente hay que permanecer en silencio, respirando y creyendo. Es simple pero difícil a la vez. Los opuestos juntos, como sucede en la vida. Es así. No hay otro. Hay que creer. ¿Creemos?

Todo, absolutamente todo, puede estar. Porque somos en Dios, entonces podemos dejar que todo lo que llega, sentimos, pensamos, permanezca en Dios. Es Él el que nos va purificando. Nosotros damos nuestro consentimiento y dejamos que todo SEA.

Hacé lo que sabés que te ayuda y no te pongas trampas ni trabas. Recurrí siempre a los retiros espirituales en donde se ore de esta forma ya que son una forma de renovar la alianza y profundizar.

Pedí ayuda cuando sea necesario. Preguntar, averiguar, leer, no quedarse como “ya está, ya sé todo”. El camino al corazón nos lleva directo al corazón de Dios y es eterno.

No esperes nada en la oración. Los frutos de la oración contemplativa los vamos a recoger en la vida de todos los días. Hay que abrazar la idea del proceso. No es mágico ni automático. Muchos frutos los vamos a ver con el tiempo, y con los años de orar de esta forma. Luego, vistos en retrospectiva son una oportunidad de cantar las maravillas que Dios hizo y sigue haciendo en nuestra vida.

Orar en grupo. Es bueno cada tanto poder rezar con otros en silencio, eso fortalece la fidelidad en la oración personal.  Ideal sería tener un grupo de oración semanal.

Dejate amar por Dios. Para eso oramos de esta forma. Nos cuesta dejarnos amar. Pero ya es tiempo. Dios te ama, dejalo hacerlo.

 

El camino de la oración nos enseña a vivir. Te animo a seguir caminando por estos senderos en los que nos transformamos en artesanos y buscadores del Buen Dios de la Vida. Nos vemos por el camino. Te abrazo

Si querés compartir resonancias o hacer alguna pregunta me podés escribir a damianbarneche@yahoo.com.ar

 

[1] Francisco Jalics, Ejercicios de Contemplación. Ed. San Pablo. Buenos Aires. 2009.

 

 

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