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Visitando corazones

El testimonio de Alicia, odontóloga

 

Cada mañana renuevo mi entrega a María y ofrezco el nuevo día con todo lo que viviré y las personas que encontraré. Tengo presente de modo especial los pacientes que voy a atender, con sus alegrías y preocupaciones, sus dolores y sus esperanzas.

Es muy lindo decir cada día: aquí estoy, esto que soy, esto que hago lo pongo en tus manos, María.

Es hermoso ser Misionera de la Inmaculada P. Kolbe ejerciendo mi profesión de odontóloga, visitando corazones, no de casa en casa, sino, muchas veces, tratando de aliviar un dolor intenso de muela, devolviendo una sonrisa a quien aún siendo joven ya no tiene sus dientes, también escuchando historias, preocupaciones, angustias, alegrías. Así, el consultorio es lugar de encuentro de corazón a corazón.

Al finalizar el día puedo recorrer y recordar los rostros de las personas con las que me encontré y decir gracias, Señor, gracias, María, por quienes que me han visitado, porque en todos pude descubrir tu presencia. Me dieron la posibilidad de ser allí tu presencia, Señor.

 

Alicia 

Primer plano

“En un momento de la vida Dios nos presenta un don: el don de la vocación, la invitación a la consagración a Él. Ese don va aferrado con un acto de fe profundo: de fe en su amor” (padre Luis Faccenda). 

Queremos compartir con gran alegría los 25 años de consagración a Dios de Zulema Tamaguzuku y los 40 años de Graciela Gallardo y Anna Gentile en nuestra familia consagrada.

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Novena a la Inmaculada La belleza de una mujer habitada por Dios 2 de Diciembre ♦️Para contemplar. «Estaba allí la Madre de Jesús» (Jn 2, 1-12). ♦️Para regalar a María. Me adelantaré a servir, estaré disponible, como María. ♦️Para presentar a María. Rezaré por el aumento de la fe, la esperanza y la caridad de todos los cristianos. ♦️Para meditar. Con frecuencia nos quejamos de la contaminación del aire, que en algunos lugares de la ciudad es irrespirable. Es verdad: se requiere el compromiso de todos para hacer que la ciudad esté más limpia. Sin embargo, hay otra contaminación, menos fácil de percibir con los sentidos, pero igualmente peligrosa. Es la contaminación del espíritu; es la que hace nuestros rostros menos sonrientes, más sombríos, la que nos lleva a no saludarnos unos a otros, a no mirarnos a la cara... La ciudad está hecha de rostros, pero lamentablemente las dinámicas colectivas pueden hacernos perder la percepción de su profundidad. Vemos sólo la superficie de todo. Las personas se convierten en cuerpos, y estos cuerpos pierden su alma, se convierten en cosas, en objetos sin rostro, intercambiables y consumibles. María Inmaculada nos ayuda a redescubrir y defender la profundidad de las personas. La Virgen nos enseña a abrirnos a la acción de Dios, para mirar a los demás como Él los mira: partiendo del corazón. A mirarlos con misericordia, con amor, con ternura infinita, especialmente a los más solos, despreciados y explotados (Benedicto XVI). #Maria #Abrazar #inmaculada
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