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Ser puente. ¡Qué bella misión!

El testimonio de Andrea, profesora

 

Mi nombre es Andrea, soy profesora de Geografía, aunque en este momento trabajo como preceptora en un colegio. Una profesora del secundario me preguntó qué iba a estudiar, le conté cuál era mi deseo e insistió para que sea profesora de Artes Visuales. Le respondí que, en realidad, quería ser preceptora. Desde hace casi tres años tengo el bello regalo del Señor de prestar este servicio. Creo que se define muy bien la profesión cuando dicen que somos puente entre docentes, alumnos, equipo directivo y padres, etc.  

Afronto el desafío de ser luz donde el Señor me llama y la encuentro en ellos. Veo su rostro en cada uno de mis alumnos, observo sus personalidades muchas veces marcadas por heridas, reflejo de historias dolorosas, su fidelidad en la amistad, responsabilidad, picardías, decisiones y elecciones, su “andar”.

Hace un tiempo, rezamos juntos el vía crucis, una estación por aula. En preceptoría nos tocó la quinta estación aquella donde el cirineo ayuda a Jesús. Fue significativo porque esa es la misión a la que siento que Jesús me llama: ayudar a llevar la cruz redentora, compartir con amor el peso de la cruz que cada uno lleva. No con grandes hechos. Si supiéramos y estuviéramos conscientes del poder de un saludo alegre, una palabra de aliento, una mano en el hombro, una mirada de empatía, una espera silenciosa. En el camino los encuentro, vienen cargando su cruz, siguen adelante, los reconozco, hemos compartido muchos momentos. Queda el recuerdo de haberlos querido mucho, los extraño. Los veo en la calle, observo el paso del tiempo no puedo más que sonreír.

¡Qué bella misión!!! Gracias, Señor, por tantas almas que me has regalado… Te pido por cada uno de ellos, protégelos de todo mal, sigue guiando sus pasos.

Andrea Fleitas

Primer plano

Este es el lema de jornada mundial de las misiones para este año. Una invitación a cada uno, a cada una, a tener una experiencia profunda y apasionada de encuentro con el Señor, un diálogo de amistad con Él. Nos ama, nos llama, obra maravillas en nuestra vida, nos invita a “hacernos cargo” y a compartir con los demás aquello que tenemos en el corazón. Es una experiencia que brota de estar y dedicar tiempo a cultivar con él una relación que nos sale por los poros.

Como ayudarnos

Acompañamos a 160 familias de escasos recursos que viven en  los barrios de Montero o del campo, en un modo personalizado y atento, también a través de la trabajadora social.

Es un espacio de acogida y promoción humana dirigido a las familias de la zona de Riacho Grande. 

Nace con la intención de crear un lugar para mejorarla realidad de niños, niñas y adolescentes 

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