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Aquí hay alguien que es más

estamos invitados a “transformarnos” en María

Hace un tiempo, una de las jóvenes del grupo vino a casa, tocó timbre, fui a abrir la puerta y parafraseando la canción del dúo argentino Pimpinela, le pregunté: “¿qué vienes a buscar?” y, con una sonrisa, señalando la imagen de la Inmaculada que tenemos en el jardín de adelante, me dijo: “¡a Ella!”.

Me alegró mucho el corazón escuchar eso. ¡Cuánto deseamos que siempre puedan buscar y encontrar a María Inmaculada todos los que vienen a la Casa!

Recordando esa escena y leyendo los versículos de Lc 11, 29-32, el Señor me fue “soplando” este artículo. En ese texto bíblico, Jesús le reprocha a la multitud que pide signos, sin reconocer que, en Él, “hay alguien que es más” que aquellos por quienes se convirtieron otros pueblos en el Antiguo Testamento.

Este “alguien que es más”, poder ver más allá de las apariencias, me resuena e invita a recordar y reconocer la esencia de nuestra consagración a la Inmaculada… estamos invitados a “transformarnos” en María, el último paso que nos invita a dar san Maximiliano en este camino de entrega. Él nos dice: “acercarnos a Ella, hacernos semejantes a Ella, permitir que Ella tome posesión de nuestro corazón y de todo nuestro ser, que Ella viva y obre en nosotros y por medio de nosotros, que Ella misma ame a Dios con nuestro corazón. Pertenecerle a Ella sin restricción alguna: he aquí nuestro ideal”.

Ser María misma, que sea Ella quien actúe, piense, ame, camine, hable, mire, oiga en y a través de nosotros, en cada uno. ¡Qué misión exigente! Si lo pensamos concretamente… ¡qué difícil es!

Seguramente todos recordamos el día de nuestra consagración a la Inmaculada y los sentimientos que nos inundaban sin embargo, en el escrito N° 1218, el Padre Kolbe nos dice: “los apuros y las preocupaciones cotidianas sofocan, a veces, los ideales más sublimes”. Pienso en situaciones concretas: compartir la mesa con quienes vivimos, hacer alguna compra y conversar con el comerciante, imprevistos con los medios de transporte, mensajes por celular, situaciones dolorosas de la realidad actual… ¿dejamos que María actúe plenamente a través de nosotros? ¿Cuántas veces, al renovar la consagración diariamente, lo hacemos conscientemente y cuántas, al terminar el día, “repasamos” las vivencias que hemos tenido y si hemos “sido María” en esas situaciones?

Es por esto que, en el mismo escrito, Maximiliano nos propone: “tenemos que sacudirnos de vez en cuando, reflexionar sobre nosotros mismos, interrogarnos a fondo para saber si servimos a la causa de la Inmaculada con suficiente solicitud …”.

Sacudirnos, hacernos preguntas que nos muevan a rezar, meditar, que calen en el corazón y se reflejen en la acción. Kolbe tiene algunas para hacernos: “¿Quieres que Ella entre frecuentemente dentro de ti? ¿Quieres que Ella habite firmemente en tu alma? ¿Deseas que Ella, solo Ella, dirija tus pensamientos, tome posesión de todo tu corazón? ¿Deseas vivir totalmente para Ella? ¿Nunca has pensado en lo que llegas a ser cuando no eres tú, sino Ella misma en ti y por medio de ti quien ama a Dios y a los hombres? (…) (EK 1216).

Si nuestra respuesta es “sí”, es hora de renovar nuestra entrega cotidiana con mayor fervor, con mayor confianza y docilidad. La Inmaculada es la “primera interesada” en amar y actuar a través de nosotros, para llevar a todos a su Hijo.

Pidamos para cada uno, para todos, este don de ser María, de transparentarla… que realmente los demás puedan decir de nosotros, de nuestras casas, de nuestros lugares de trabajo y de estudio “aquí hay alguien que es más”.

María Silvia Ylarri

 

 

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