
«Dejémonos conducir cada vez más perfectamente por la Inmaculada, dónde Ella quiera llevarnos y cómo Ella quiera, para que, cumpliendo bien nuestros deberes, contribuyamos a que todas los hermanos sean conquistados por su amor» (EK 960).
Maximiliano Kolbe ha descubierto «algo» del misterio de María como persona viva y operante en el plan de la salvación. Cuanto más ha profundizado esta comunión de vida con la Inmaculada, tanto más en el Padre Kolbe ha madurado el deseo de pertenecer sin límites y donarse a Ella siempre más radicalmente, totalmente para transformarse, hasta ser una sola cosa con Ella viviendo la comunión con la Trinidad y conformándose a Cristo. Todo esto lo hizo testigo transparente del hombre nuevo redimido por Cristo e instrumento dócil en las manos de Dios para continuar la obra de redención en el mundo.
La pertenencia a María nos hace partícipes de su capacidad de acoger el amor gratuito de Dios, que "ha mirado la humildad de su servidora", contemplarlo operante en nuestra vida y en la historia del mundo y comunicarlo como el que da sentido a la vida de cada hombre.
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