"Nosotros, Voluntarios de la Inmaculada somos laicos que, viviendo una vida igual a la de todos los hombres, formamos parte del Instituto Misioneras de la Inmaculada - Padre Kolbe.

Al finalizar el periodo di formación, con la consagración a la Inmaculada en el espíritu de San Maximiliano Kolbe, somos agregados al Instituto y pasamos a formar parte activa del mismo.
Agradecidos por el don de Jesús desde la cruz, recibimos a María en nuestra vida para vivir con Ella y como Ella en la búsqueda de la voluntad de Dios, tratando de vivir en plenitud nuestro Bautismo.
Nuestra fuerza es el ofrecimiento total de nosotros mismos a la Inmaculada. Renovamos cada día la consagración, ofreciendo nuestra vida, trabajo, alegrías, dolores, enfermedades...
Nos comprometemos a vivir una vida coherente con los valores cristianos, siguiendo el ejemplo del Padre Kolbe que puso la caridad en el primer lugar, por lo cual podemos repetir cada día que "Sólo el amor crea".

Compartimos con las misioneras un profundo y genuino amor al apostolado mariano y misionero, trabajando con todos los medios para hacer conocer, amar e imitar a María, y a través de Ella acercar todos los hermanos a Dios.
En otras palabras deseamos ardientemente ayudar a cada hermano que encontramos en nuestro camino a encontrarse con Dios en el corazón de la Virgen.
Las formas de colaboración con el Instituto son distintas según los dones de cada uno y el tiempo que cada uno puede poner a disposición: participación en las misiones parroquiales o jornadas de presentación de la prensa, la animación de centros de escucha o de momentos de oración, o también la posibilidad de compartir un tiempo en una misión en el exterior.
Cada uno hace y da lo que puede, según sus compromisos de familia, de trabajo, pero todos con el mismo amor y la misma alegría porque nos sentimos parte viva de una única familia espiritual que vive, reza, trabaja, ofrece y sufre por el mismo Ideal: la salvación de los hermanos".
(de Sally Daniela - Voluntaria de la Inmaculada)
Nuestro carisma mariano - misionero, don del Espíritu, brota del testamento de Cristo Crucificado y de la herencia espiritual de San Maximiliano Kolbe; lo actualizamos constantemente a la luz del camino de la Iglesia, y se caracteriza por "tres ideas-fuerza" que lo hacen ser una propuesta de vida actual para nosotros y para el mundo de hoy:
Queremos ser lápices de colores
en nuestro mundo afectado por el odio, la violencia, la desesperación...
Como San Maximiliano deseamos dar un toque de color a la existencia humana.
El, que durante toda su vida fue signo del amor más grande,
aún hoy nos eneña y repite que "Sólo el amor crea!".
Queremos ser el color de la esperanza, de la alegría, de la paz y del amor.
Queremos ser los colores de María,
dejándonos usar por Ella para realizar los designios que Dios
tiene para cada uno, para la Iglesia, para el mundo.
Si sabremos abandonarnos en sus manos
a través el ofrecimiento cotidiano de nuestra vida,
Ella coloreará el mundo... y hará resplandecer el rostro de Jesús.
(Marietta Caputo)
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