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Madre nuestra

 

Madre nuestra, alimentados y acariciados por Ella

Ella es Madre, nuestra y ... de Dios... Ella penetra nuestra alma y dirige sus facultades con un poder sin límites.
Nosotros le pertenecemos de verdad a Ella. Por eso estamos con Ella siempre y en todas partes...
Queridísimos hijos míos en la Inmaculada, les deseo que sean alimentados por Ella misma con la leche de sus gracias, acariciados por ella, educados por Ella como lo fue Jesús, nuestro hermano mayor, para que el Esposo divino de las almas reconozca cada vez más en nosotros aquellas mismas facciones que É mismo recibió de su Madre, la Inmaculada; aquellos mismos ojos, aquel mismo corazón. (EK 461)

 

Una Madre, don de la bondad y misericordia de Dios

Tú (Dios) nos mandaste que nos hiciéramos como niños, si queríamos entrar en el Reino de los Cielos (Mt 18, 3). Tú sabes muy bien que un niño necesita una madre: Tú mismo estableciste esta ley de amor. Por lo tanto, tu bondad y misericordia crearon para nosotros una Madre, la personificación de tu bondad y de tu amor infinitos, y desde la Cruz, en el Gólgota, nos la ofreciste a nosotros y nos ofreciste a Ella... Además decidiste, oh Dios que nos amas, constituirla omnipotente dispensadora y mediadora de todas las gracias: Tú no le niegas nada a Ella, y Ella no es capaz de negarle nada a nadie...
Miremos dentro de nosotros mismo: ¿Acaso no es verdad que cada vez que nos hemos ofrecido con toda el alma a la Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra, ha entrado siempre paz en nuestro corazón?...
Quien no lo haya experimentado todavía, que pruebe, que lo vea, que se de cuenta personalmente: ¡comprobará lo potente y lo buena que es la Madre de Dios y Madre nuestra! También nuestra, nuestra Madrecita. (EK 1145)