Missionarie dell'Immacolata Padre Kolbe
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Voluntarios de la Inmaculada Padre Kolbe

Nuestra identidad

Nosotros, Voluntarios de la Inmaculada Padre Kolbe, somos laicos y clérigos que deseamos vivir el Evangelio compartiendo la espiritualidad y la misión dejada como herencia por nuestro fundador padre Luis Faccenda.
Al término de un período de formación, con un especial ofrecimiento a la Inmaculada en el espíritu kolbiano somos agregados al Instituto secular “Misioneras de la Inmaculada Padre Kolbe” y pasamos a ser parte viva de esta gran Familia mariana y misionera.
Nuestra fuerza es el ofrecimiento total de nosotros mismos a la Inmaculada, que renovamos con confianza cada día; es un deseo que se hace oración y que hace preciosa cada expresión de nuestra vida: relaciones, trabajo, alegrías, dolores, enfermedades...
Compartimos con las Misioneras un profundo y genuino amor al apostolado mariano y misionero, trabajando con todos los medios para hacer conocer, amar e imitar a María, para conducir por medio de Ella a todos los hombres a Dios.
El Voluntario responde a un particular llamado, a una vocación precisa, distinta de la vocación de la Misionera, pero de igual dignidad y compromiso. Es un laico, una persona absolutamente común. Cualquier laico puede, si quiere ser Voluntario: no importa que sea joven o viejo, hombre o mujer, casado o no; sea obrero o profesional, maestra o ama de casa como yo. El ser Voluntario no implica la renuncia a su estado de vida, a la propia familia o a su condición social. Una sola condición es necesaria: tener un sincero deseo de vivir el Evangelio, fiel a la doctrina de la Iglesia Católica” (Teresa – Voluntaria de la Inmaculada P. Kolbe)

 
  • Misioneras de la Inmaculada P. Kolbe

    Vivimos el don de la consagración a Dios en el mundo y para el mundo, en un estilo de vida que encarna los valores evangélicos...

  • Nuestra historia

    Nuestras raíces son muy importantes para descucbrir el corazón de nuestra identidad: quiénes somos, de dónde venimos y dónde queremos ir.

 


 
 
 
El testimonio de Nora, Voluntaria de Córdoba