San Maximiliano,
queremos abrirte el corazón,
para que lo hagas arder
del amor y de la pasión por el Reino
que motivó toda tu vida,
y que te puso en camino por el mundo.
Deseamos, como vos,
entregar cada día nuestra vida
a Jesús a través de las manos de María,
y al mismo tiempo entregarnos unos a otros
para que juntos podamos “animar y animarnos”
en esta misión especial que nos confiaste,
y que nos invita cada día a “echar las redes”
de la confianza y de la esperanza.
Creemos que tu ideal de vida y de misión
puede conquistar el corazón
de muchos jóvenes alejados de Dios;
que podamos ayudarlos a descubrir
el amor misericordioso del Padre
y la alegría de una vida entregada.
Amén.