Missionarie dell'Immacolata Padre Kolbe
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Misión General Pico

…Dios ha iluminado nuestros ojos…  

Si, así fueron los días compartidos en la comunidad parroquial de Pompeya mientras compartíamos la vida con tantas familias del barrio Federal.
 

…Dios ha iluminado nuestros ojos…  

“Dios ha iluminado nuestros ojos”, como dice la Palabra en el libro de Esdras, y los ha iluminado con lágrimas de alegría, de dolor, de esperanza, de coraje y valor…  
Dios ha iluminado nuestros ojos cuando hemos golpeado a la puerta de tantos hogares y las puertas del corazón se abrieron al paso de la Virgen, a la sonrisa de Dios ofrecido por cada una de nosotras misioneras.  

Dios ha iluminado nuestros ojos de ternura, cuando una niña, recibiéndonos desde la ventana de su casa, exclamó con alegría delante de la imagen de María: “yo la miro… “  

Dios ha iluminado nuestros ojos de caridad ante el ejemplo de Romina, una ¨mamá coraje¨ que junto a su esposo y 4 hijitos, trabaja y estudia en la universidad para crecer y ayudar a su familia. Una mamá joven con la mirada del corazón abierta a las necesidades de los vecinos. Y comparte desde su pobreza para alegrar la vida del hijito de su vecina el día de su cumpleaños. Nos dice Romina: mi hijo necesitaba una mochila nueva para el colegio, pero el hijo de mi vecina no la tenía. Era el día de su cumpleaños y mientras jugaba con mi hijo le pregunté que le gustaría almorzar en este día, me contestó: ¡milanesas!.  Lo invité a almorzar y compartió con mis hijos su cumpleaños, feliz por su comida favorita. Pero más aún fue su alegría cuando le entregamos el regalo: ¡una mochila nueva! Sus ojitos brillaban y agradeciendo se fue corriendo a contarlo a su mamá y hermanitos. Romina nos dice, mi hijo tiene su mochila usada, compraremos una nueva cuando tengamos unos pesitos… Nuestros ojos se iluminaron… de lágrimas conmovidas por la generosidad y la riqueza del corazón de Romina. La sabiduría de un corazón pobre y disponible, capaz de compartir desde su nada para hacer feliz a otros y confiar plenamente que el don se multiplicará…  

Dios ha iluminado nuestros ojos de esperanza al escuchar la oración confiada de Martina, una niña de 9 años que le pide a la Virgencita que cuide a su mamá y que pronto pueda encontrar trabajo porque está sola con sus niños y necesita ayuda… Y este pedido puso en movimiento el corazón y los pies de las señoras de la Parroquia para ofrecer una mano a esta familia.  

Dios ha iluminado nuestros ojos de lágrimas de compasión ante el dolor de un esposo que perdió a su esposa de 43 años por un cáncer y quedó solo con su hijita de 14 años y no quiere saber nada de la fe, de la Virgen. Nos regaló dos hermosas imágenes de María (eran de su esposa) porque para él no significan nada y Ella se quedará en el barrio para “caminar” con su gente.  

Dios ha iluminado nuestros ojos de alegría encontrando a María Elisa y su familia, mientras su esposo trabaja, ella ha elegido dedicarse a las tareas de casa y a acompañar a sus hijitos para que crezcan y se eduquen en los valores de bien que la familia les dona.  

Dios ha iluminado nuestros ojos de misericordia al escuchar historias de vida muy dolorosas, al escuchar situaciones de vida de mucho sufrimiento moral… cuántas personas llevan una ¨mochila¨ de vida muy pesada que al compartirla nos han hecho compañeros de camino y confiaron al corazón materno de María para experimentar serenidad y consuelo.  

¡Cuántas historias para compartir! Todas quedan grabadas en el corazón y ofrecidas a Jesús para que Él, médico de las vidas, cure con el aceite de la gracia y la misericordia las heridas y done vida en abundancia a todos para dar pasos nuevos con renovado entusiasmo.

María del Carmen Conti