Missionarie dell'Immacolata Padre Kolbe
Contenuto della pagina

Fiesta de san Maximiliano Kolbe

14 agosto 2019

El mensaje y los saludos de la directora general del Instituto Giovanna Venturi
 

Queridas misioneras y voluntarios,

  Ya pasó un año de la Asamblea general, que nos había invitado a recorrer pasos nuevos y a entrever nuevos senderos para compartir nuestro ideal de vida y de misión. En estos meses, de modo particular, hemos trabajado en el Proyecto consagración a la Inmaculada, con tiempos y modalidades diferentes en los varios países, pero con un deseo común de volver a poner en el centro a María y el don que Ella es para cada hombre y mujer.  
  La celebración del martirio de san Maximiliano se inserta bien en este camino que estamos haciendo y nos permite recibir con una gratitud renovada su rica herencia espiritual, capaz de dar fruto también en un campo de concentración. Acerquémonos, una vez más, al secreto de vida y de santidad y escuchemos nuevamente algunas de sus palabras para volver al corazón mismo de nuestra vida: «La consagración a la Inmaculada no consiste en una oración, en un acto hecho con gran fervor, sino en el vivir, trabajar, sufrir y morir por la Inmaculada».

  La consagración a la Inmaculada, el pertenecer a Ella, es un desafío constante de vivir en la alegría y en la gratitud, a trabajar con esfuerzo por el crecimiento del reino de Dios en el corazón de cada hombre y mujer, a ofrecer todo lo que somos, lo que amamos y tenemos en un don continuo y generoso de nosotros mismos, en la muerte cotidiana a cada forma de egoísmo y de interés personal. En una palabra, es evangelio encarnado en la vida, como da testimonio toda la existencia de san Maximiliano.   Es esto lo que pedimos cada día a María, cuando renovamos nuestra entrega a Ella y le ofrecemos nuestro día: «Virgen Inmaculada... tú que guiaste a san Maximiliano a amar sin medida, enséñame a ser testigo del Evangelio y a hacer de mi vida un don para los demás». Una invocación que se convierte en pedido, deseo de caminar en el amor sin límites y sin cálculos, como fue el del mártir de Auschwitz. El hoy nos sale al encuentro para animar nuestro camino y volver a encender en nuestros corazones aquel fuego de amor que nos permite ser en el mundo chispas de luz y de esperanza.   Con estos sentimientos les deseo a cada uno de ustedes una buena fiesta de san Maximiliano y de la Asunción de la Virgen.

Giovanna Venturi