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50° años de vida y de misión  

UNA PÁGINA DE HISTORIA

Carta de la directora general Giovanna Venturi en ocasión de este importante aniversario y celebración para todo el Instituto. 
 

Queridas misioneras y voluntarios,

Deseo recordar con todos ustedes un aniversario importante que nuestra Familia celebra este año: 50 años de presencia en Argentina.
Un acontecimiento que es más que un simple aniversario: es el inicio de nuestra historia misionera, de un camino que, paso a paso, ha llevado al Instituto a una misión sin fronteras: más allá de Italia, más allá de la misma Argentina, hacia nuevas tierras y nuevos pueblos. 50 años que nos hacen celebrar la misión y abrir el corazón a la alegría y a la gratitud por el don del carisma y por su florecer en tierras y culturas diferentes.

UNA PÁGINA DE HISTORIA
Era el 12 de julio de 1969
El llamado de Pablo VI: «¡América Latina esta es tu hora!» resuena profético. El padre lo recibe y lo relanza a las misioneras: son pocas, jóvenes, inexpertas, pero el corazón está listo. Llegó el tiempo de cruzar las fronteras y ponerse en camino por los senderos del mundo. El Instituto ofrece su propio don: Amelia, Rita y Savina parten hacia Argentina, un país todo para descubrir, conocer y amar.
«El Instituto de las Misioneras es el más pobre y modesto Instituto que trabaja en la Iglesia; pocas fuerzas, pocos elementos y cero recursos financieros. Pero como la viuda del Evangelio comienza a compartir su ofrenda con los que recibieron menos... con la riqueza de los ideales hereditarios del gran padre Kolbe». (Padre Luigi Faccenda, Una speranza nella Pampa).

Leemos en la crónica del 12 de julio:  
«Parten... A la una de la madrugada para Argentina Amelia, Savina, Rita.
Las acompañamos con todo nuestro deseo de bien en este trasplante más allá del océano para llevar la luz y la alegría de Cristo».  
Esa semilla, plantada con confianza y mucha esperanza, dará sus frutos: después de los primeros años pasados en el seminario de Azul, la decisión de dirigir su mirada hacia la “pampa sin límites”, la compra del terreno de Olavarría y la colocación de la primera piedra (31 de octubre de 1976), la llegada de las primeras jóvenes argentinas y de otras misioneras de Italia, la inauguración del centro Mariano-Misionero (19 de octubre de 1980): «Un monumento de fe, de amor y de esperanza: el monumento de la bondad de Dios, de su infinita omnipotencia y de su materna providencia» [1] y desde aquí irradiarse hacia nuevos lugares y ciudades, del norte al sur del país.   
Luego, el desarrollo de una historia que sería muy larga de contar en todas sus etapas, pero de la cual conocemos los rostros y los nombres de aquellos que la han escrito con su vida, su compromiso, su dedicación, su sí a todo lo que la misión en esta tierra les ha pedido y ellos han dado. Una larga y fecunda página que tiene como protagonista también al padre: en esta “primera misión”, como en todas las otras, él vio realizarse un sueño, el de la vida misionera al cual aspiraba desde joven y que –como ha recordado más de una vez a lo largo de los años- «se hizo realidad, cuando las misioneras, guiadas por él, atravesaron los océanos y continentes, llevando, también en su nombre, la luz de la verdad y del amor».
Una realidad que acompañó y siguió en persona a través de una fluida correspondencia con las misioneras y sus frecuentes visitas; a la que ha dedicado libros, artículos, informes detallados de sus viajes; que dio a conocer a las personas que se encontraba y que sensibilizaba a las necesidades del apostolado en Argentina, suscitando la generosidad. (Cfr. Padre Luigi Faccenda, Senza bastone, né bisaccia. 60 anni sulle strade della missione, Edizioni dell’Immacolata, 2004, p. 8).


 

50 AÑOS DE VIDA Y DE MISIÓN

Afrontando los pasos nuevos del camino post-asamblea, es lindo renovar la consciencia de que hoy los pasos son posibles, porque otros antes trazaron caminos y dejaron huellas en los corazones de tantos hermanos y hermanas.    
- Un gracias de corazón a nuestras primeras hermanas, que con el coraje y la audacia de los apóstoles, recibieron con agrado la invitación de partir hacia una nueva tierra y una nueva patria; un recuerdo conmovido a Rita, que gastó su vida por el amado pueblo argentino, y a Amelia: juntas hacen fiesta con nosotros en la Niepokalanów celeste; y a Savina, testigo para nosotros de las “aventuras” del inicio.  
- Gracias a todas las misioneras que a lo largo de estos 50 años fueron parte del camino inicial permitiendo su desarrollo y crecimiento. 
- Gracias a las jóvenes argentinas que han recibido el don de esta llamada y han creído en la fuerza y en la fecundidad del carisma mariano misionero.
- Gracias a los voluntarios y a tantos amigos, colaboradores, que en las diferentes comunidades hacen más linda y enriquecedora a nuestra familia.  
- Gracias a todos los miembros del Instituto, que han sostenido y acompañado el camino de la misión argentina con la oración, el compromiso y su participación.

Hoy, todos juntos, podemos alegrarnos de las maravillas que el Señor ha realizado con nosotros y a través nuestro en estos 50 años de vida y de misión y elevar nuestro «magnificat de alabanza y de agradecimiento, porque el grano se ha convertido en espiga y el óbolo se ha multiplicado y se ha convertido en un cofre». (Padre Luigi Faccenda, America Latina: Una storia missionaria, Edizioni dell’Immacolata, 1982).

Que este aniversario sea para las tres comunidades argentinas de Olavarría, Villa Ballester y Salta motivo de agradecimiento, de memoria, de gratitud, que marque un renovado compromiso de evangelización y de testimonio, un nuevo fervor en la animación juvenil vocacional: solo así se abrirán caminos nuevos para recorrer con pasos nuevos.

 

EL CAMINO CONTINUA
La historia continúa y nuevas páginas esperan ser escritas, pero no solo en Argentina!
Por una feliz coincidencia, este año recordamos también los 25 años de nuestra presencia en Polonia y en Santa Giusta: las ocasiones para recordar y hacer fiesta no faltarán. Las comunidades comunicarán los días y las celebraciones en programa, así todos podremos unirnos y estar “presentes”.
Deseo que estas etapas del camino del Instituto no sean solo lindos momentos celebrativos, sino que nos involucren a un nivel más profundo. Como recordaba al inicio, celebramos las misiones y quisiera que lo hiciéramos renovando en el corazón la alegría de nuestra llamada: ser en la Iglesia y en el mundo una presencia mariana y misionera, para orientar a Cristo el corazón de cada persona.
Con estos sentimientos retomamos el camino y pidamos al Señor de fortalecernos:  
en la unidad del carisma
en el don de la comunión.
en la alegría de la misión.

Giovanna Venturi