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Reflexión kolbiana

El fuego del amor

 

Una nueva etapa de reflexión que nacen de lo vivido, de nuestra experiencia en la tierra de Polonia, en este lugar tan importante para nosotros. Las reflexiones se inspiran en palabras que resuenan más frecuentemente en nuestros corazones, sentimientos, emociones, recuerdos, mientras paso a paso recorreremos el camino que llevan hasta la celda del amor más grande, de la victoria del amor sobre el odio. 

 


 “Cuando el fuego del Amor se enciende no encuentra sitio en el corazón, sino que se propaga fuera de él, enciende, devora, atrae otros corazones. Conquista cada vez más almas para su ideal, para la Inmaculada” (EK 1325). A estas palabras se hacen eco las del Papa Francisco en la Evangelii Gaudium “nadie postergue su compromiso con la evangelización, pues si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo... Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús” (EG 120).
Devorado por este fuego de amor, Maximiliano quiere conquistar todo el mundo a Cristo por medio de la Inmaculada: “¿Cuándo llegará el día, Madrecita mía Inmaculada, en que tú seas la Reina de todos y de cada uno? ¿Cuándo?... ¿Cuándo tu misma puedas gobernar en los corazones de todos y de cada uno en particular y formarlos a imitación del Smo. Corazón de Jesús, tu Divino Hijo y hacerlos felices? ¿Cuándo se hará realidad todo esto?” (EK 1159).

Impulsado por este ardiente deseo funda la Milicia de la Inmaculada; inicia la impresión del Caballero de la Inmaculada para llegar al mayor número de personas; crea Niepolalanów, la ciudad de la Inmaculada, donde muchos frailes comparten su proyecto apostólico y colaboran con él en la salvación de tantos hermanos. Pero Polonia no es suficiente. Por eso, a inicios de marzo de 1930 con otros tres frailes, zarpan para el Oriente sin conocer el idioma, sin ningún contacto en el lugar, sin medios financieros, sino solo una firme voluntad de conquistar a Cristo también en aquella parte del mundo. Y finalmente Auschwitz, su último campo de apostolado, la celda de la muerte para llevar al paraíso a los nueve condenados con él. San Maximiliano escribía “comprometámonos todos a apresurar ese momento... conquistando para Ella, según nuestras posibilidades, al mayor número de almas con la oración, con el ofrecimiento de nuestros sufrimientos y con el trabajo” (EK 1159).

También el papa Francisco no se cansa de repetir que el anuncio del Evangelio es una responsabilidad de todos. Cada cristiano, en virtud del Bautismo, tiene la responsabilidad de ser testigo del Dios vivo. “Es un mandato que nos toca de cerca: yo soy siempre una misión; tú eres siempre una misión; todo bautizado y bautizada es una misión. Quien ama se pone en movimiento, sale de sí mismo, es atraído y atrae, se da al otro y teje relaciones que generan vida. Para el amor de Dios nadie es inútil e insignificante. Cada uno de nosotros es una misión en el mundo porque es fruto del amor de Dios” (Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2019).





Las Misioneras de Harmeze, Polonia

 
 
 
 

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