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Retiro Mariano

Miró con bondad...

El 12 al 14 de octubre se realizó en Olavarría un nuevo retiro mariano, para profundizar y crecer en nuestra entrega a María. 
 

En el Centro mariano de Olavarría vivimos un fin de semana de retiro mariano muy intenso y profundo! Acompañados por el p. Pablo Bajuk, fransciscano conventual, descubrimos la mirada de Dios hacia nosotros y hacia María. Y en la oración dejamos que la Virgen nos mire a los ojos y al corazón! En nuestro grupo de más de 40 personas, destacamos 11 participantes que llegaron desde Resistencia, Chaco. Entre ellos, Guillermo compuso letra y música de una hermosa canción que resume la experiencia. También Sara, de Tandil que nos compartió su testimonio.

Hazme contemplar tu Rostro Señor, siento tu Presencia en mí
quiero ahora me transformes y que sea a tu manera.

De nuevo empecemos juntos, Señor en este punto de mi vida
enséñame la manera de caminar contigo al fin.

DAME UNA MIRADA NUEVA, SEÑOR Y UN CAMINO NUEVO LLENO DE LUZ
DAME UNA MIRADA NUEVA ESTA VEZ TOMO LO QUE QUIERAS DARME...

Que hasta mi silencio hable de Vos cuando me transformes con tu poder
dame una mirada llena de amor donde pueda ver tu Rostro, Señor.

Testimonio de Sara... Acercarnos a Dios es acercarnos a su mirada amorosa. El retiro fue para mí una invitación y una propuesta que conducían a un compromiso. La invitación consistió en buscar, contemplar los ojos de Jesús y encontrarme con su mirada, única, personal, discreta, contemplativa, desprejuiciada, transformadora, profunda, reflejo de la mirada de Dios. La propuesta poner toda mi vida, historia, familia, sueños, realidad, delante de Jesús, verme a través de sus ojos y sentirme amada tal y como soy. Así, libre, con su perdón, en paz, amar a mi prójimo como a mí misma; y buscar la mirada de María que le dice a Jesús, como lo hizo en las bodas de Caná, lo que me hace falta. El compromiso como José, buscar a mis hermanos sin cansarme ni juzgarlos y mirarlos con la mirada bondadosa de Jesús. Como Mateo, pido que la mirada misericordiosa de Jesús me transforme para salir al encuentro del Otro. Quiero imitar a Bartimeo, el ciego que oyó que Jesús pasaba y le gritó pidiendo misericordia. Como él, desde mi presente, detenerme, repasar todo lo vivido y gritar, para que Jesús me vea, escuche y sane debilidades y dolores. Así podré entender que mi vida es manifestación de la gloria de Dios, que Él fue tejiendo en mí la historia de la salvación.

 
 
 
 
 
 
 
 

Descubriendo el camino que nos lleva a la felicidad