
Querídisimos todos, como están ?...
Se ha iniciado la Cuaresma hace ya un tiempo y ya comenzó el tiempo de actividades sociales y laborales, a veces no es fácil conciliar estos dos aspectos: lograr vivir la actividad cotidiana como la Liturgia nos sugiere en estos días: como un tiempo de renovación interior, más que exterior. ..
Se nos invita a contemplar más directamente el rostro de Jesús, un rostro transfigurado pero también “desfigurado” por el sufrimiento y el dolor de la pasión…
Vivir una media jornada escuchando a la gente de la villa miseria, compartiendo un “mate” en la casa de ellos, me ha ayudado a comprender mejor qué cosa quiere decir hoy continuar llevando la Cruz, sobre todo cuál es el peso de la Cruz …
Porque me parece que la cosa difícil es “sostener, gobernar, soportar” este peso cuando toma la forma cotidiana :
- diluir un litro de leche con un litro de agua para que pueda durar dos días,
- estar enfermo y comprar una Aspirina a la vez (no una caja!),
- tener ganas de fumar un cigarrillo e ir a comprar un cigarrillo,
- necesitar azúcar y comprar solamente lo necesario para el día,
- esperar el octavo hijo y escuchar decir que es mejor abortar…,
- cumplir los años y no poder poner un poco de música porque en el barrio, durante la noche, un joven de quince años ha matado a un amigo de dieciséis… y se podría continuar.
Y ésto “todos los días”, se transforma a veces en un peso insoportable que quita la esperanza. Si para nosotros Cuaresma es sinónimo de alguna renuncia... para algunos la Cuaresma dura todo el año!
Que la Cuaresma sea, entonces, un tiempo de gratitud por lo que tenemos pero, sobre todo, por lo que llevamos en el corazón: la certeza de que el peso de la Cruz puede ser más liviano, puede tener un sentido si se lleva con Cristo, si vivimos unidos en Su amor. He aquí lo que buscamos: compartir con estas personas una esperanza…
La Esperanza !
Anna