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Mi vida cambió mucho

oracion

Werner, de Cochabamba, Bolivia, esposo y padre de 5 hijas, consagrado al Corazón Inmaculado de María, comparte su experiencia de consagración.
 
Por mucho tiempo, sólo pensaba en ser un técnico de telecomunicaciones experto en mi trabajo. Incluso era egoísta y sentía mucho recelo a que me quiten mi trabajo, y por eso no enseñaba a otros. Discutía con todos, peleaba mucho y lastimaba a los demás, sin estar consciente de hacerlo, pero si lo hacía tampoco me importaba.
No me interesaba que los jefes hablaran bien o reconocieran mi trabajo, simplemente era una satisfacción para mí hacerlo bien: quería sentirme importante, ambicionaba tener un cargo superior. Y sólo ayudaba cuando alguien me lo pedía o me lo ordenaba.
La Virgen María me ayudó a cambiar, cuando de a poco me inserté en un grupo de oración que se formó después de que las Misioneras visitaron las familias de mi barrio, en Cochabamba. La imagen de la Virgen iba de casa en casa, rezábamos juntos y charlábamos.
Fueron mis hijas quienes me ayudaron a acercarme a Dios. También, con Gloria, mi esposa, participamos de un retiro de adultos de la Milicia de la Inmaculada y, allí, me consagré.
Desde ese momento empecé a cambiar, a reconocer mis errores en mi forma de ser y de tratar a las personas, y a ser más humilde en el trabajo y en las relaciones.
Mi vida cambió mucho: ya no peleo con nadie, solo discuto algunas situaciones que según mi parecer son injustas y, cuando me insultan y critican, ya no siento bronca, como antes. Yo iba cambiando de a poco, pero en el trabajo no hallaba la manera de manifestarlo.
Cuando me mandaron a otro sector, pensé que podía ser la ocasión para cambiar también en el trabajo como lo iba haciendo en mi casa.
No fue fácil, porque mi mal carácter había creado prejuicios sobre mi persona, y todos esperaban encontrar al Werner conflictivo de siempre, y no fue así.
He aceptado hablar de mi experiencia para que otros vean lo que Dios ha hecho en mi persona. Él me permitió acercarme más a mis compañeros que están con problemas de matrimonio. Siempre les digo que es posible cambiar, y quiero que se sientan felices como yo; que no se sientan culpables por los errores cometidos, como me pasaba antes a mí.
Deseo que cambien de mentalidad y sean felices, para su bien y el de sus familias, y busquen lo que yo busco ahora: la santidad.

 

Esto no lo digo para borrar los errores pasados; soy consciente de ellos, pero me siento perdonado por Dios, y eso me da la fuerza de compartir con otros mi vida. Cuando el carácter me quiere dominar y a veces me domina, reacciono disculpándome sinceramente.
Ahora, junto a mi esposa, nos dedicamos a acompañar a las familias de los niños de Primera Comunión y tratamos de ayudarlos a encontrar en la fe la luz para su vida.

 

Werner

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