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100 años de la MI - Un santo muy humano

  Maximiliano Kolbe ha sido el hombre del servicio sin reservas. Radicalidad y totalidad son las características de su vida, animada sólo por la pasión por el Reino, sin ahorrar fatiga, salud; sin complacerse de los resultados conseguidos. La entrega de sí mismo es la respuesta más elocuente que él dio al poder de la violencia y del odio. Maximiliano ha sido el hombre de la comunión, de la búsqueda de relaciones siempre más profundas con sus hermanos (los llamaba “hijitos”) y con los hombres que quería llevar a Dios por medio de la Inmaculada. ¡También en el búnker de la muerte llegó a formar una nueva comunidad! Maximiliano ha sido el hombre que anuncia la verdad. La verdad de Dios sobre el hombre a través de la presentación de la más excelente creatura, la Inmaculada, para que fuera el espejo en el cual reflejarse y el modelo para imitar. 

 Su actividad misionera tenía como objetivo “abrir los ojos de las personas que tienen ideas erróneas sobre la religión, enseñar la belleza de la virtud a la gente que vive en este mundo; guiar a quienes están sinceramente sedientos de verdad” (SK 1162). Maximiliano ha sido el hombre de la oración. Así se expresa él mismo: “La oración fiel, perseverante es la fuerza de Dos en nuestros corazones: Nosotros estamos llamados a elevar las manos en oración” (EK 1302). “Son las rodillas, no la inteligencia o la lapicera, que dan eficacia a la actividad, a la predicación, a los libros” (EK 965). “La oración hace renacer el mundo” (EK 903).         
 San Maximiliano es un santo mariano, todo de la Inmaculada, y al mismo tiempo es el primer mártir de la caridad. Es un santo mariano y por esto es un santo “humanísimo”, hasta dar su vida por otro, es decir, logra traducir en amor donado todo lo que tenía dentro de sí.            

 A través de su corazón apostólico y su amor a la Inmaculada, logra poner su corazón en una rotativa, en las ondas de la radio, en todo el progreso humano. En sus manos, también la ciencia y la técnica tienen un corazón, como para San Francisco la naturaleza.            
  Es el “Cántico de las creaturas” que sigue los tiempos, que cuenta otras historias que pertenecen a los hombre y al Dios. Es la historia que necesita siempre más de humanización, de un rostro materno, de María.            
  Kolbe nos ayuda a entender  lo que quiere decir apostolado mariano, que no sólo es realizar actividades o iniciativas marianas, sino tener un “estilo de vida mariano”; un estilo que es acogida, atención, sensibilidad, discreción, amabilidad… más humanidad. No son contenidos para aprender o una metodología para aplicar sino que es un modo de vivir la vida y la propia fe.    Porque el hombre de hoy no necesita tantas iniciativas o propuestas  -ya tiene muchas- , necesita más bien de una presencia particular de acogida, de amor, de comprensión… al estilo de María. Y San Maximiliano Kolbe puede ayudarnos a aprender a estar con los hermanos, sobre todo a amarlos y servirlos.

 

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Oraciones a san Maximiliano

 

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