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En la misión aprendí…

Andrea

Mi nombre es Andrea y participé de la Misión a Salta cuyo lema era: “La palabra: una experiencia del Dios amigo”.
Era la primera vez que realizaba una misión, por lo que no tenía idea de lo que sería. Hoy, unos días después de haber ido, puedo decir que fue la experiencia más linda que viví. 
Antes de recibir la invitación para ir estaba desganada, desanimada, sin ganas de seguir, necesitaba de una guía, de un cambio que me ayudara a sentirme con esperanzas, con alegría, con fuerzas, con ganas de hacer algo por los demás y por mí.
Supe que Jesús estaba esperando que me reencuentre con Él y yo ansiaba ese encuentro. Era lo que necesitaba, lo que me faltaba, lo que inconcientemente estaba esperando.
Estando allá los problemas, la realidad propia, seguía presente pero desde otra mirada, desde la oración, la reflexión. Como decía San Maximiliano: “Haz todo lo que sabes y puedes hacer; si no sabes o no puedes, ruega a Dios y ten la seguridad de que no te faltará su ayuda. Abandónate cada día más en las manos de Jesús y de la Inmaculada. No te apenes por las contrariedades y las dificultades; déjaselo todo a la Inmaculada. Ella lo puede todo”. Así, aprendí a tener confianza y a abandonarme más en nuestra madre, a saber que ella nos protege. No estamos solos. Redescubrí que María está a mi lado y no hay por que temer, redescubrí que las cosas que suceden son voluntad de Dios y que hay que aceptarlas aunque quizá no las podamos entender porque somos finitos.

 
Andrea

En el transcurso fui conociendo a los compañeros de la misión y descubrí en ellos las virtudes que considero más admirables en una persona: sencillez, alegría, generosidad y humildad. Les doy las gracias porque me hicieron sentir una más, porque me divertí con ellos y aprendí de ellos, porque compartieron su tiempo conmigo. Conocerlos fue también conocer que hay esperanzas y que podemos cambiar y ser mejores personas.
Visité a familias, jóvenes, niños, enfermos, ancianos. Ellos me enseñaron a darle gracias a Dios por todos y cada uno de los milagros que me regala día a día, me enseñaron a disfrutar cada momento. Aprendí que no hay que preocuparse por lo que no se puede cambiar, porque no se puede cambiar y que tampoco hay que afligirse por aquello que sí se puede cambiar porque se puede cambiar.
Aprendí que hay que saber perdonar a los demás y que primero debemos observar nuestras faltas.
Aprendí que lo importante es ser servicial, que hay que vaciarse de uno y llenarse de Dios.
Aprendí que para poder amar a los demás primero debo quererme a mi misma y para quererme a mi misma tengo que dejar amarme por Dios. Dios nos acepta con nuestras capacidades y nuestros límites, entonces también me debo aceptar así y será el primer paso hacia la libertad, el primer paso para ser uno mismo.
Gracias Señor por venir a mi encuentro, por llenarme con tu luz, por esa experiencia de fe, por permitirme conocerte más. Te pido que me ayudes a que todo esto que me has enseñado dé frutos en mí y que pueda vivir según tu lección.

GRACIAS SEÑOR, GRACIAS MARÍA, GRACIAS SAN MAXIMILIANO!!!
GRACIAS GRUPO MISIONERO!!!

 

Andrea

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