

Quiero contarles lo que sentí en la experiencia de mi primera misión, la cual tuvo lugar en la provincia de Salta.
Por gracia de Dios tuve la posibilidad de poder conocer a las misioneras este año e ir con ellas a misionar. Si tengo que serles totalmente franca, yo iba sin expectativas, simplemente no sabía con que me iba a encontrar, en el fondo sentía que eso era lo que Dios quería pero no sabía de que se iba a tratar concretamente.
Llegó el momento de partir hacia la misión, yo me encontraba a la espera de lo que podía suceder, y cuando comencé a vivirlo era mucho mejor de lo que esperaba. En Salta me sentí, desde el primer momento, recibida y esperada con mucho amor, sobre todo porque la gente del lugar tiene una calidez humana que asombra.
Salta es sin duda una provincia totalmente hermosa, llena de gracia. La paz del lugar deja una sensación de plenitud que genera ganas de volver antes de que uno se haya ido. La gente está dispuesta a abrirle su corazón a Dios y eso a uno le da mucha felicidad, está dispuesta a aprender, a crecer en la fe, a escuchar una palabra de esperanza, de amor, de Dios.
Yo hoy puedo decir que ir me marcó, me cambió sin duda como persona, me hizo más humana, más hermana de los que menos tienen y más necesitan; lo que esperan ese abrazo, esa palabra de aliento, ese beso, y me siento afortunada de haber tenido la bendición de estar ahí para poder ofrecerlo.
Hoy puedo decir que Dios es el eje de mi vida, porque yo decidí que así fuera, porque cada día que pasa estoy más cerca de eso: “Amarlo más que a nada en el mundo”.
Siento que me puedo abandonar en él como nunca antes, que puedo confiar mi vida en sus manos sin miedo de lo que vaya a tener pensado para mí, entregarme a lo que, mi Dios amigo, me tiene planeado: “Dejarlo todo y seguirlo”.

Ahora viene la parte más difícil, la misión no terminó, sino que recién comienza, me siento comprometida con Dios en continuar esto que empecé con ustedes, en seguir misionando, en casa, en la universidad, entre mis amigos, en la familia. Contagiar al resto del amor de Dios, esa es la misión durante el año que quiero emprender: “Hacer su voluntad”.
En mi experiencia personal, misionar, me colmó de proyectos, de amigos, de anécdotas, de recetas salteñas riquísimas que me dieron las cocineras, de esperanza, de fe pero sobre todo… me colmó de Dios.
M. Victoria López, 19 años. Puan, Provincia de Bs. As.