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Misionero

San Maximiliano es un enamorado de Dios, de la Inmaculada. Como consecuencia, ama al hombre de un modo apasionado. Su amor misionero no tiene límites, por eso ve en los medios de comunicación social el medio de Evangelización más inmediato y eficaz para la difusión del Evangelio. 
 
Dice:
Todo medio, toda inversión en el campo de las máquinas o de los sistemas de trabajo, póngase antes que nada al servicio de la obra de la santificación delas almas por medio de la Inmaculada” (EK 1218). 

En un viaje entre Hong Kong y Manila escribe a un hermano de Japón: 
Conserva siempre la paz y la serenidad de espíritu. Dejemos toda preocupación a la Inmaculada. Ella puede transformar todo en el bien más grande. Eso es importante para ti y para los demás jóvenes…”(EK676).
Desde Nagasaki envía el siguiente telegrama a Niepokalanów: 
Hoy enviamos el Caballero de la Inmaculada japonés. Tenemos tipografía.¡Gloria a la Inmaculada!” (EK 262). 

San Maximiliano, pese a estar abocado al trabajo de la editorial, a la enseñanza de los seminaristas japoneses y los hermanos, se preocupaba de profundizar en la importancia de la vida espiritual, sin la cual el trabajo y el sacrificio habría perdido significado.
 
En Japón San Maximiliano encontraba muchas dificultades e incomprensiones; sin embargo, no pierde la confianza. Es consciente que la cruz es inevitable, pero mira hacia delante, siempre hacia nuevos horizontes: 
Tenemos muchas dificultades y cruces, precisamente porque estamos en misión, pero también las satisfacciones son numerosas. Actualmente la tirada del Caballero alcanza los 20.000 ejemplares, pero para diciembre ya hemos impreso 25.000, porque es el mes de la Inmaculada. En cuanto a los proyectos futuros,teniendo en cuenta el fin de la M.I, es decir, la conquista de todo el mundo para la Inmaculada, yo pienso comenzar a publicar el Caballero también en lengua China… Pienso también en India… hasta que el mundo entero sea de la Inmaculada” (EK 296)
Abrir una misión en el extremo oriente para Padre Kolbe fue un acto de mucho coraje humano y de extrema confianza sobrenatural. Convencido que en el campo de la gracia todo es obra de Dios, al hombre se le pide solo de abandonarse con confianza en Él.