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Bienaventuranzas del misionero

 Bienaventurado el misionero que vive enamorado de Cristo,
que se fía de El como de lo más necesario y absoluto,
porque no quedará desilusionado.
 
Bienaventurado el misionero que cada mañana dice “Padre Nuestro”,
llevando en su corazón todas las razas, pueblos y lenguas,
porque no se conformará con una vida mezquina.
 
Bienaventurado el misionero que mantiene su ideal y su ilusión por el Reino
y no pierde el tiempo en cosas accidentales,
porque Dios acompaña a los que siguen su ritmo.
 
Bienaventurado el misionero que se sabe necesario donde la Iglesia lo reclama,
pero que en ningún lado se siente indispensable,
porque experimentará el gozo del servicio gratuito.
 
Bienaventurado el misionero que no tiene nada y lo que es y posee
lo gasta en el servicio de sus hermanos,
porque Cristo será toda su riqueza.
 
Bienaventurado el misionero obediente, que sabe poner su oído
en el Corazón de Dios para escuchar sus deseos,
porque el Espíritu lo ayudará a discernir los acontecimientos.
 
Bienaventurado el misionero con un corazón puro y transparente,
que sabe descubrir el Amor y la ternura de Dios sin complicaciones,
porque Dios siempre se le revelará.
 
Bienaventurado el misionero que vive como peregrino
y no hace su tienda en esta tierra,
porque ya en esta vida gozará de la definitiva.
 
Bienaventurado el misionero que reconoce y acepta
sus limitaciones y debilidades y no pretende ser invencible,
porque Dios se complace en los humildes.
 
Bienaventurado el misionero que no se enorgullece de sus éxitos
y reconoce que el Espíritu hace todo en todos,
porque se verá libre de ataduras.

 
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