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Joven estudiante

El joven San Maximiliano Kolbe, estudiante en Roma. 
Desde su juventud se puede vislumbrar en san Maximiliano un ánimo simple y humilde, revela un espíritu abierto y atento a todo aquello que lo circunda: la naturaleza, sus hermanos frailes, los familiares, la gente que encuentra en la vida cotidiana. En cuanto a la belleza de la naturaleza encontramos en sus escritos: "Por la mañana, paseo hasta los PP. Capuchinos. Maravillosos los alrededores montañosos" (EK 988C). 
Del período del noviciado Stryczuy cuenta: "Después del inicio del noviciado, durante nuestros paseos por la colina, instauramos una amistad que duró para toda la vida, y nos comprometimos a rezar un Ave María el uno por el otro". 
En su corazón cultiva grandes ideales, sin embargo, camina siempre con los pies sobre la tierra, valorando las pequeñas cosas de cada día con humildad. En los Ejercicios espirituales de 1913 escribe: "En cada situación piensa más en amar que en trabajar". "Déjate conducir en la serenidad y en la confianza en la misericordia divina a través de la Inmaculada" (EK 969). 

En todos sabe descubrir alguna enseñanza y a todos sabe ofrecer la propia riqueza interior. En uno de sus escritos dice: "Todas las cosas y todos los hechos nos ayudan a conocer, amar y servir a Dios y a alcanzar la felicidad después de la muerte y a vivir bien en esta tierra" (EK 963). Animado por este gran amor, y debido a los errores de la masonería que proclamaba: "Satanás gobernará en el Vaticano y el Papa lo servirá como la guardia suiza", Maximiliano se interroga: ¿por qué las fuerzas del mal trabajan y nosotros nos quedamos acá, y nos limitamos sólo a rezar? ¿No tenemos nosotros una fuerza mucho más grande? Sí, la Inmaculada.
Nace entonces, un programa de vida: "Para dar la mano a tantas personas infelices, para consolidar en el bien a los corazones inocentes y ayudar a todos para que se acerquen a la Inmaculada, Mediadora de todas las gracias, en 1917 surge en Roma, en el Colegio Internacional de los Frailes Menores Conventuales, la Milicia de la Inmaculada" (EK1328). 
De los testimonios, el Padre Pal cuenta: «El joven Fray Maximiliano ha entendido bien que a la base de la vida cristiana debe estar el amor, porque sólo en él es posible encontrar "la fuente de la fuerza y de la perseverancia"».