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Testimonios

 

Padre Antonio Renzini, OFM Conv.

Del padre Luis puedo decir que ha sido seguramente uno de los frailes más conocidos y estimados de la Provincia y de la Orden, sobre todo en nuestra región, la que él ha recorrido a lo largo y a lo ancho para ofrecer su servicio franciscano-sacerdotal y mariano. De él admiraba y trataba de seguir la firmeza en las decisiones. Recuerdo que nos decía a nosotros, jóvenes clérigos, que pudo salvar su vocación durante los bombardeos de la última guerra en Faenza, gracias a su oración confiada a la Inmaculada. Sólo las manos maternas de María lo salvaron habiendo vivido por más de un mes en un refugio en contacto con personas poco recomendables.
Periódicamente, a nosotros jóvenes frailes, nos daba retiros espirituales que nos dejaban entusiasmados y deseosos de vivir siempre más comprometidos en la devoción a la Inmaculada. Nos inculcaba la convicción de que Jesús Salvador ha venido a nosotros por medio de María, y confiándonos a Ella, Madre diligente, llegaríamos seguros a Jesús. Ella es el Puente a través del cual Dios encuentra al hombre y el hombre a Dios.
Cerca de la ordenación sacerdotal, el padre Luis nos exhortaba a conocer siempre más a la Inmaculada y a su Milicia, a hacernos disponibles a guiar un día los grupos de espiritualidad Mariana y a vivir la verdadera devoción a María, para llegar con certeza a la meta del sacerdocio y desarrollar un fecundo ministerio entre el pueblo. (del libro “Un hombre, un sueño, una historia”, p. 55-56).

 

Angélica María Diez, Misionera de la Inmaculada P. Kolbe

He conocido al Padre en el Centro Mariano de Olavarría (Argentina) después de dos años de contactos epistolares. El idioma no fue un obstáculo. Su corazón de Padre intuía de mí, más de lo que yo misma conocía. Siempre me animó y sostuvo. En la memoria de mi corazón conservo todo aquello que aprendí de él, que recibí de él y que él me confió, para hacerlo tesoro y ponerlo a disposición del Instituto. ¡Cuántas palabras, gestos, silencios, miradas cómplices de su humorismo, confidencias para llevar en la oración!

Muchas veces me confesé con él. Salía renovada “en gracia y santidad” como de la fuente bautismal, consciente y feliz de ser confirmada en la verdad del amor que Dios tenía por mí y me confiaba para que continuase entregándolo. Me sostuvo y guió a amar mi vocación, la misión, el carisma y me alentaba para que hiciera conocer esta realidad a través de la música. ¡Cuánto creía el Padre en la inspiración y en la música! ¡Cuánto gozaba en las noches comunitarias donde cantábamos un poco en italiano y un poco en castellano!
Gracias Padre, por haber encendido el espíritu misionero dentro de mí y haberme dado coraje, con tu vida y con tu testimonio, para abrirme a la gracia del Amor que fecunda.
Gracias Padre, por el amor delicado y confiado a la Virgen que me transmitiste y contagiaste.
Hasta pronto, tu hija, Angélica. (del libro “Un hombre, un sueño, una historia”, p. 65-66)
 

 

Micaela, hoy Hna. María Micaela de la Trinidad, sobrina nieta del Padre

Si bien soy sobrina nieta, puedo decir que tengo muchos recuerdos del tío, a quien he visitado desde muy pequeña. Los primeros recuerdos de él se remontan al tiempo navideño, cuando íbamos a darle el saludo de Navidad en su estudio, en el convento de San Francisco, y él me llevaba a ver el gran pesebre mecánico, deteniéndose en la parte de atrás, para mostrarme los distintos engranajes ingeniosos.
 También, cada tanto, el abuelo Bruno –su hermano– me llevaba a Borgonuovo a visitarlo. Recuerdo esta figura vestida de negro, imponente y que me parecía altísima. Me daba mucha sugestión, por mi timidez, pero sobre todo porque percibía en él algo distinto respecto de todas las demás personas que conocía: era como si fuese más del cielo que de la tierra. Sentía que era precisamente de Dios y que vivía una gran familiaridad con María, de quien hablaba siempre con gran fervor.

 

P. Faustino Ossanna

Tres grandes lecciones de vida se pueden captar de las muchas páginas escritas por él, relacionadas a los lugares que lo inspiraron.  

La primera lección aprendida, vivida y enseñada, lleva el signo de la Iglesia de San Francisco de Bolonia. Aquí, al joven sacerdote, en 1945 se le confió el ministerio de la Milicia de la Inmaculada: y nace el descubrimiento de la consagración a la Inmaculada, sugerida por el Padre Kolbe. Consagración a María: deja que María entre y guíe tu vida, haz que María pueda continuar a través nuestro su misión de Madre de la salvación. En las manos de la Inmaculada el consagrado transforma la vida, redobla las fuerzas, obtiene seguridad. Es el secreto escondido que es necesario desvelar en nuestro tiempo, en nuestra Iglesia que lleva las marcas de la guerra apenas terminada, de la fuerza trastornante del materialismo y de la violencia...

La segunda lección le viene de su encuentro con el Padre Kolbe. Se estaban iniciando las averiguaciones históricas para su glorificación y, de él, el Padre Luis fue leyendo con atención no solo cuanto se estaba escribiendo y se escribirá, sino también su particularísima misión en la historia de la Orden, de la Iglesia y del mundo en ese periodo histórico. Participará en su canonización en Roma e irá a captar su voz en el bunker del hambre, donde San Maximiliano terminó su vida. Rezando entendió que uno no puede gloriarse del heroísmo de un hermano sin continuar su misión. Nos toca a nosotros juntos con él continuar su acción misionera y mariana; me toca a mí ser como él, testigo e instrumento de santidad, de amor y de fe...  

La tercera lección se la insinúa lentamente, constantemente en el altar, la comunidad de Borgonuovo. Las Misioneras de la Inmaculada, junto a él, se convertirán en Misioneras y formadoras de Misioneras, transformando la casa en escuela de oración y de apostolado misionero, centro de estudio, punto de partida de la prensa y de los misioneros, casa madre del nuevo Instituto querido e inspirado por María...

Último mensaje a los amigos  

«María me condujo de la mano, en cada momento se mostró Madre y maestra, me concedió superar las pruebas, los dolores y las luchas, salvó mi vocación y mi Sacerdocio, sosteniendo cada paso de mi arduo camino. Ésta ha sido la Virgen para conmigo, y así será para cada uno de nosotros, si en Ella depositamos toda nuestra confianza, toda nuestra esperanza».
(del libro “Un hombre, un sueño, una historia”, p. 49-51)

 

Anna Brizzi, Misionera de la Inmaculada P. Kolbe

Como director espiritual, tenía una atención particular a los movimientos del Espíritu. Recuerdo cuando a los dieciséis años, titubeante, fui a su estudio y le dije: «Yo siento que Dios me está llamando a la vida consagrada, a ser una Misionera, pero dentro mío hay un gran deseo de ser madre. ¿Cómo puede Dios sugerir a mi corazón dos deseos, ambos buenos, pero que en este caso no se pueden conciliar?». Con paciencia me indicó la colina que está detrás de la Casa de la Inmaculada y me preguntó si podía ver la otra ladera. Le respondí que no. «Confía y comienza…», me dijo. «A lo largo del camino entenderás que también hay una maternidad espiritual que va más allá de la maternidad física y te proporcionará mucha alegría». El Padre tenía razón. Después de 28 años de seguimiento de Cristo, vividos en Argentina y en los Estados Unidos, puedo decir que esta maternidad ha llenado mi corazón y, estoy segura, ha dado vida a muchos hermanos, por la bondad de la Inmaculada.  (del libro “Un hombre, un sueño, una historia”, p. 60-61)

 

Gabriela Mantuano

...Ciertamente el Padre fue un signo, el instrumento más eficaz del Amor, porque después de haber fundado el Instituto, siguió en la escucha, siempre abierto a la voz de Dios, de la Iglesia, del Espíritu Santo, por lo que pudo dar vida a esta bellísima realidad de los Voluntarios. De este modo, me dio la posibilidad de realizar el don de la vida a través de aquel ideal que siempre me ha conquistado, y que hoy me enamora siempre más: vivir y testimoniar mi ser consagrada a María en la sociedad y en la Iglesia, así como tantas veces me dijo con los escritos y enseñado con la vida: «Coraje, Gabriela, mantente siempre a la altura de tu carisma de Voluntaria de la Inmaculada. Ofrece y reza: la vida es el don grande, que esté totalmente al servicio del bien»...
Que ahora, su gran testimonio de fe, su audacia, su ejemplo de vida, su caridad puedan hablar a cada uno de nosotros, para continuar aquello que con tanto amor él supo dar, poniéndose al servicio del hombre hasta el don total de sí, comunicando a cada uno su fascinante experiencia espiritual, en fuerza de su ministerio sacerdotal. ¡Gracias, Padre Luis!   (del libro “Un hombre, un sueño, una historia”, p. 83-85)

 

Misioneras y Misioneros

El Padre Sebastián Quaglio, durante una Misa en el estudio del padre, invita a hacer memoria del corazón: "Háblenme de Él".
Las resonancias y los recuerdo de los presentes en la Celebración