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Proyecto de alfabetización - Tucumán

Desde el 10 al 22 de enero la panadería comunitaria "El pan de la esperanza" (proyecto de inserción laboral para mujeres del barrio la Cancha impulsado y acompañado por el Instituto Misioneras de la Inmaculada P. Kolbe) se convirtió en un espacio para jugar, compartir y aprender.

 

Nos cuenta Laura... Agradezco a Dios y a las misioneras por la invitación al proyecto de alfabetización que se realizó en La Florida (Tucumán). Agradezco también a las familias que tan generosamente nos han recibido y nos han hecho sentir como en casa. Para mí fue una experiencia hermosa, no solo por poder compartir con amigas ésta tarea del proyecto, sino también por la posibilidad de encontrarme y aprender junto a los hermanos más vulnerados, conocer sus historias, sus vidas, sus deseos y sus sueños. La idea inicial era brindarles a las mujeres, desde nuestra profesión, algunas herramientas para que puedan alfabetizarse (aprender a leer, escribir y realizar cálculos matemáticos) o profundizar sus conocimientos escolares. Ayudarlas a crecer, a creer en ellas mismas y salir adelante en la vida a pesar de todas las trabas económicas, sociales, culturales que se presentan. Pero al final nos encontramos con una escasa respuesta por parte de ellas, que en su mayoría se dejaron vencer por el miedo y la resignación, dejando en evidencia el desamparo y la violencia a la que están sometidas. Sin embargo enviaron a sus niños, y es con ellos que trabajamos. Apostamos a la infancia, una infancia donde esté permitido jugar, reír, soñar, crear, compartir, aprender junto a otros. Fue hermoso compartir con ellos el desayuno, los juegos, aprendizajes escolares, y ser testigos de las caras de felicidad al darse cuenta de sus logros, y de lo que podían ser capaces ¡Simplemente se trata de ayudar a creer!
En lo personal, por un lado experimenté sentimientos de impotencia y por otro un deseo de seguir adelante, de no bajar los brazos y continuar. Para seguir sembrando pequeñas semillas de esperanza, de cambio. Doy gracias a Dios por ser testigo de los pequeños milagros, a veces imperceptibles, que llenan de alegría el corazón y animan a seguir adelante.
Laura Díaz- Estudiante de Psicopedagogía

 

“Recordar la Florida es darme cuenta que puedo hacer mucho más de lo que a veces pienso. En lo personal me traje las miradas más puras, el sentimiento más certero y todavía sigo sorprendida de las ganas que tenían los chicos de que continuemos jugando, trabajando con ellos. Nunca sentí miedo a lo que no podía hacer por el prójimo, siempre creí que es Dios quien me pone en los lugares precisos y los he aceptado. Una tarde camine con mi hijo en brazos desde el lugar donde habitábamos hasta la casa de Antonio (uno de los nenes del barrio) bajo el intenso sol del norte, ese día llegue muy cansada y no veía la hora de llegar. Jamás en mi vida sentí tanto cansancio, pero sabía que Antonio y su familia me esperaban. Creo que hay mucho por hacer, creo que esto recién comienza. Además, creo eternamente en la gente de buen corazón y en quienes nos abrieron sus corazones con sus historias, creo en la gracia de poder cobijar a quienes buscan una mirada o tan solo unos minutos para poder ser escuchados y comprendidos”
(Elina Martínez- Psicopedagoga)

 
 

“La primera mañana que llegamos al barrio La Cancha, de sol radiante pero que no alcanzaba a secar las calles llenas de barro y agua de lluvia, conocimos a los nenes de ese barrio. Una de las primeras preguntas que les hice fue ¿Les gusta jugar? Para mi sorpresa respondieron no, sin querer convencerme de la respuesta les pregunte en tono irónico ¿les gusta trabajar? Y en ese momento respondieron sí. Sin creerlo aún, les pregunté ¿les gusta limpiar, cocinar, lavar? Y nuevamente respondieron sí. Esa fue nuestra bienvenida. En el corazón empezaban las preguntas y los sentimientos encontrados. Les propusimos jugar con unos juegos de mesa, dentro mío esperaba que los nenes se abalanzaran sobre los juegos pero eso tampoco ocurrió, todos esperaban sentaditos con las manos en la falda, en silencio y casi sin mirar lo que hacíamos. Nos pusimos a jugar con ellos. Para muchos era la primera vez que jugaban con este tipo de juegos, se veía en sus caras el desconcierto y curiosidad al mismo tiempo. Con el pasar de los días se fueron soltando y ya los juegos eran familiares, nunca vi nenes que disfrutaran tanto de poder jugar con un memo-test, lo jugaron en todas las versiones posibles y mi asombro llego a su culmen cuando ví que jugaban al ludo sin dado!! Sólo ellos lo pudieron hacer!
Cuando volví a Buenos Aires muchas personas me preguntaron ¿Cómo les fue en Tucumán? Una pregunta que parecería tan simple de responder y sin embargo no encontraba una única respuesta porque fueron tantas las experiencias, tantos rostros, tantos sentimientos, tantas historias.

 

No podemos decir que alcanzamos a cumplir todos los objetivos que nos habíamos propuesto pero son muchísimos los pequeños logros y pasos que pudimos ver con nuestros ojos y nuestro corazón. Que Arielito de 6 años, que este año comienza primer grado de la escuela primaria y no concurrió al jardín de infantes, pudiera comenzar a reconocer los colores fue una fiesta para todas. Que Mariela que también comienza primer grado y que no pronunciaba una palabra comenzara a decir: hola, chau, quiero el juego, fue sensacional. Que Leonel de 12 años, en 6to año de la escuela, quisiera venir a la mañana y a la tarde para aprender la hora y aprender a escribir, hizo que valiera la pena caminar media hora bajo el sol para llegar a la panadería. Que María de 60 y tantos años viniera todas las tardes para aprender a leer y escribir y que mientras cocinaba en su casa repetía todo lo que habíamos trabajado o que pudiera escribir el último día entre risas y lágrimas el nombre de sus hijos, excede las palabras.   Y tantos otros y otras, pequeñitos y más grandes con los que compartimos estos días en Tucumán, en el corazón me aparecen sobre todo sus miradas, con un sinfín de experiencias, sufrimientos, alegrías y esperanzas y el sentimiento que me surge es el agradecimiento a ellas por enseñarme que lo único importante en la vida es el amor, a Dios por haberme invitado a amar y ser amada como misionera y un gracias a quienes hicieron posible este proyecto-sueño, económicamente, con su oración, con su afecto ¡Dios quiera que el próximo año seamos muchos más los que soñemos juntos este proyecto!”. (Estefanía Sarde- Misionera de la Inmaculada P. Kolbe y Psicopedagoga)