

Con un corazón abierto para acoger las novedades de una misión fuera de mi tierra, con miedo de no poder comunicarme debido a un castellano que sabe más a portugués que otra cosa, partí para Salta, una provincia del norte argentino.
La alegría era mi sentimiento, la humildad mi fuerza y las Misioneras de la Inmaculada, con algunos jóvenes (Tomás de Buenos Aires y otros de Tucumán) eran mis compañeros.
De casa en casa, de persona en persona ahí estaba Jesús, presente en cada rostro, en cada historia, dolor, esperanza, fe, en cada sonrisa y en cada mirada. La vida es sagrada, el hombre es la expresión más fuerte de esto, por eso el ser humano es el consagrado de Dios. Esta misión me ayudó a comprender un poco más lo que esto significa en la realidad de mi vida.
Vi que el mundo es mayor que el Brasil y, se sabe qué grande es Brasil! Como Padre Kolbe, nuestra mirada es atraída hacia nuevos horizontes, hace que el mundo se haga pequeño mediante nuestro amor a los hermanos y mediante nuestro ardor misionero.
Ver cada pueblo, cada cultura, cada expresión de fe, diferente que la nuestra, es la manifestación de la presencia de Dios con nosotros y de la Inmaculada.
Con esta experiencia recibí más de lo que ofrecí. Puede dar poco, porque en este caso, mi alegría estaba en recibir en mi vida la vida de este pueblo.
Agradezco a la Inmaculada por esta oportunidad y a las Misioneras por permitirme este tiempo de convivencia fraterna y de compartir misionero.

¡Ave María!
Todo tiempo de misión es tiempo de gracia, y esta misión también lo fue.
Partimos un grupo desde Buenos Aires y otro se sumó en Tucumán, todos con un mismo lema: “María nos visita y trae a Jesús”… Así, tras largas horas de viaje, llegamos a Salta.
Estuvimos parando en la Vicaría: “Nuestra Sra. De las Victorias”, más conocida como Santa Victoria por los lugareños, donde nos fue encomendada la misión.
Al principio me fue difícil la relación de grupo pero poco a poco y con la gracia de Dios me sentí libre para compartir al punto de extrañar su presencia en estos días…
Me llevo de esta misión una fe profunda, simple y de gran acogida, que se hizo presente en cada rostro que salía a nuestro encuentro; también he descubierto muchos valores que se hayan escondidos en los corazones de los más humildes y sencillos; y la belleza mística que resulta al contemplar las maravillas de la naturaleza que Dios ha creado en este lugar.
Doy gracias a Dios y renuevo mi deseo de seguirlo con más ganas y fuerzas; y le pido que cuide de estas familias y las bendiga como solo Él sabe hacerlo.

Hola me llamo Tomas, tengo 17 años y soy de Villa Ballester.
Por suerte tuve la gracia de que el Señor me llamara a misionar una vez mas . Esta vez en Salta. Particularmente tuve una experiencia única como lo es cada misión pero esta tuvo algo en particular.
Me sorprendió mucho la calidez de la gente que nos acogió con mucho cariño. También la religiosidad y la Fe que compartían y transmitían. La verdad que fuimos a llevar a Jesús pero en realidad el nos estaba esperando en cada persona visitada en el recibimiento, la generosidad de la gente. Es un misionar y ser misionado…fueron unos días de gracia en la que me pude encontrar con el señor en cada momento, en cada hermano, en todo lugar.
Me gusto mucho también compartir esta misión con Alejandro (Misionero de la Inmaculada) el cual me ayudo mucho así que doy gracias a el también.
Bueno esto es lo que queria compartirles muchas gracias .