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¿Dónde está tu hermano?

Queridos amigos, ¿cómo están?
En estos días he visitado una de las familias que ayudamos y José, un niño de 8 años, estaba muy triste porque no podía ir a la escuela: tenía solamente un par de zapatos, que estaban mojados porque su mamá se los había olvidado afuera...
Es extraño como en nuestros días pueda suceder esto...
 

 
Giovanna con algunos niños

En otra familia estaba Jacqueline de 5 años que todas las veces que nos ve nos pide de abrir el baúl del auto para ver si está la bicicleta para ella...Este y otros son los sueños, los sufrimientos y los deseos de tantos niños que viven en Brasil.
Hemos visitado también a otra familia formada solamente por hermanos porque sus papás habían muerto. La más grande tiene 25 años y sus hermanos 16, 12 y 9 años. Solamente trabaja el joven de 16 años y ganaba U$S 25.- al mes trabajando en una panadería 10 horas al día. Viven en una casa con 2 habitaciones, duermen sobre hamacas porque no tienen camas, tienen la ropa en cajas porque no tienen armarios. En la Biblia, en el Libro del Génesis, está la famosa frase con la cual Caín le responde a Dios cuando Él le pregunta sobre su hermano Abel: “¿Soy yo acaso el custodio de mi hermano?”. Esta frase continúa sonando tras el paso de los siglos en varias culturas...

 

Si tantas personas viven todavía en situaciones inhumanas es porque nuestro egoísmo nos lleva a pensar que no somos responsables de los otros y que el Evangelio en el fondo es una utopía.
Sería muy lindo responder a la pregunta que Dios nos hace todos los días: “¿Dónde está tu hermano?”. “Sí, yo se donde está mi hermano, lo se porque rezo por él, comparto con él aquello que puedo y en mi elección cotidiana lo llevo siempre en el corazón”. Es así, sin ser llamadas a trabajar en las favelas de San Pablo, en la periferia de Nuova Deli, o en tantos otros lugares, yo soy compañero, amigo, hermano de todos los pobres del mundo, porque, como dice San Juan de la Cruz: “Al fin de la vida aquello que cuenta es haber amado”.

Creo que el mundo puede cambiar iniciando desde las pequeñas elecciones de cada uno de nosotros. Quisiera terminar con la frase de un gran Obispo brasilero Helder Camara: “Cuando solamente sueña solo un hombre, el sueño termina en sueño, cuando soñamos muchos el sueño se transforma en realidad”.
¡Gracias por todo! ¡Con cariño!
 

Giovanna Venturi
misimpeko@terra.com.br

 

 

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