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Fátima

 

Las enseñanzas de Pablo VI

Al emprender la peregrinación en la tierra de Fátima, Pablo VI sabía que habría encontrado críticas, temores de comprometer el movimiento ecuménico, incomprensiones sea de parte de ciertos católicos, y sobre todo de los no católicos. Pero Pablo VI ha afrontado todo esto, porque con su viaje ha querido poner en luz dos verdades, entre ellas complementarias:
- Que es un deber honrar a la Santísima Virgen María, Madre de Cristo y por lo tanto Madre de Dios y nuestra;
- Y que el significado del Mensaje de Fátima no solo no contrasta sino que coincide exactamente con el Evangelio de Jesús. 

... Pablo VI nos muestra la vida de María como una vida de amoroso servicio a Dios y al prójimo, desde el momento en el cual fue saludada por el ángel, hasta su asunción en cuerpo y alma al cielo. Y por eso invita a los fieles a tributar a la fiel Servidora del Señor un culto de alabanza, de reconocimiento y de amor, porque según la sabia y suave disposición divina, el libre consenso y la generosa cooperación divina a los designios de Dios han tenido y tiene aún, una gran influencia en el cumplimiento de la salvación humana. Por eso cada cristiano puede hacer suya la invocación de San Anselmo: Oh gloriosa Señora, haz que por Ti merezcamos ascender hasta Jesús, tu Hijo, que por tu ayuda se dignó descender a nosotros. (I OVE)

 

Han pasado 60 años de las apariciones de la Virgen a los tres pastorcitos de Fátima, y aquel mensaje de amor continua siendo fascinante y actual. De hecho el culto a la Virgen fue oficialmente confirmado por el Concilio Vaticano II. "Estaba constantemente unida con su Hijo, cooperó de un modo singularísimo a la obra del Salvador. (Apostolicam Actuositatem, 4). "Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedades hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada." (Lumen Gentium, 62).

Más evidente todavía es el aspecto catequístico del mensaje: una invitación a la penitencia que refleja el espíritu genuino del Evangelio. En un mundo donde el bienestar y el placer son para muchos el fin último de la vida, este reclamo, que se repite en todas las apariciones marianas de estos últimos tiempos, resulta muy oportuno subrayar un aspecto fundamental de la vida cristiana: "Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera". (Lc 13, 5) 

La oración, tan recomendada por la Virgen responde a la invitación urgente de Jesús que "... pasó toda la noche en oración"  (Lc 6,12). Entre las oraciones, el Rosario tiene un lugar por excelencia en todas las apariciones... La meditación al menos de quince minutos sobre los misterios del rosario es una de las formas más eficaces para acercar a los fieles a la Biblia, presentando los hechos más sobresalientes de la vida de Cristo. 
El aspecto más interesante y actual es la invitación a acercarse a los sacramentos de la penitencia y de la Eucaristía, esenciales para la vida cristiana.
Especialmente hoy en que se nota casi en todo el mundo una sistemática negación de los valores de la trascendencia y de la misma revelación, con la consecuente pérdida de la noción del pecado y del sentido mismo de Dios, por eso se da el abandono de la Confesión de parte de muchos. "La crisis de la Penitencia, escriben los obispos italianos, es reveladora de esta pérdida del sentido de Dios, y como consecuencia de la falta de conciencia de la rotura de la alianza, por el rechazo del hombre a colaborar al diseño divino. Por esto el pecado pierde, muchas veces en la mentalidad moderna, su fundamental dimensión religiosa y vertical de ofensa a Dios y de rechazo a su proyecto de amor". (Documento de la 11° Asamblea CEI).
El mensaje de Fátima sale al encuentro de esta falta de sentido profundo de la penitencia como constante actitud de vida y como acontecimiento sacramental.
En fine, es de rescatar la dimensión eclesial de la oración y de la práctica sacramental, como reparación de os pecados de los hombres y el aspecto final del mensaje de Fátima, basado sobre la promesa de la Virgen: "Al final mi Corazón Inmaculado triunfará".  Concierne a cada creyente comprometerse generosamente a vivir y difundir la invitación de la Madre celeste para apresurar el día en que María traerá la victoria final sobre sus enemigos de Cristo y de la Iglesia, ofreciendo a todos los hombres el don de la paz, en la justicia y en la libertad.