
Queridos, ¡hola!
Aquí estamos en pleno verano y muchas personas están de vacaciones, también acá hay muchos lugares lindos, en el mar y la montaña...
Del 16 al 26 de enero he participado en la misión de la provincia de Misiones, al norte de Argentina, en un pequeño centro, Colonia Aparecida, que se encuentra a 35 Km. de la ciudad de San Vicente.
El impacto con el lugar y sus colores es muy fuerte: el colorado de la tierra y el hermoso verde de la naturaleza!
Hemos rápidamente podido experimentar el colorado de la tierra porque después del viaje en camioneta, transitando por una calle de tierra (no hay calles asfaltadas), estábamos todos cubiertos de un extracto de tierra colorada.
Pero hemos también gozado de la belleza de la naturaleza cruzando cultivos de tabaco, maíz, mandioca, té, yerba mate, soja, ananás y otras frutas tropicales.
La Iglesia Argentina vive una dimensión misionera muy linda: en las Parroquias hay grupos misioneros formados por jóvenes y adultos, que durante todo el año se encuentran y se preparan para salir a “misionar” durante el verano, llegando a lugares solos y abandonados pastoralmente, para compartir la fe con la gente del lugar y brindar un servicio de animación para niños y jóvenes.
Nuestro grupo estaba formado por un matrimonio joven, 4 jóvenes, 2 misioneras y un Sacerdote.
La escuela de Colonia fue el centro de acogida para los encuentros con los niños y los jóvenes. La Parroquia comprende 27 colonias muy distantes de la ciudad, el acompañamiento pastoral de esta zona se hace muy difícil, también porque cuando llueve mucho la calle es intransitable y los pueblos quedan aislados.

Me ha golpeado mucho y conmovido sentir de las familias repetir con tanto dolor que para Navidad no han tenido la Misa y el Diácono ni siquiera se ha presentado para la celebración de la Palabra. Es maravilloso ver la fe de la gente con tan poca ayuda que reciben.
La comunidad en su simplicidad y esencialidad está bien organizada, elige cada 2 años una comisión para la capilla con un presidente al cual encuentran para pensar y organizar la vida de la comunidad. Se encuentran para la celebración de la Palabra (la Misa la tienen una vez al mes) y cuando terminan se quedan en la Iglesia y juntos hablan de los problemas propuestos que hacen a la de la comunidad.
Durante nuestra misión hemos visitado todas las familias del lugar. Es una zona agrícola y las casas están separadas por un radio aproximado de 5/6 Km. La gente está habituada a caminar muchos kilómetros bajo el sol, pero nosotros...un poco menos y para encontrar las familias más lejanas nos llevaban con una camioneta.
Llegados a las familias, antes de explicar quienes éramos, nos hacían sentar y nos ofrecían el “mate”, con gusto aceptaban compartir un momento de oración y reflexión de la Palabra. Varias veces nos hemos quedado a compartir el almuerzo con ellos: arroz, pollo y mandioca; una ocasión para hablar con la familia y entender mejor sus problemas, el duro trabajo del tabaco, las escasas curas médicas, los problemas de alcoholismo...

Lo lindo es que toda la familia trabaja junta, y las familias están contentas, no se lamentan por lo que no tienen, viven con tanta esperanza: miran preocupados el cielo cuando se nubla y amenaza una tormenta, se dedican al arado que todavía muchas familias lo realizan con la ayuda de los bueyes, acogen como don los hijos que llegan en forma numerosa y gustosos se sacrifican para que los hijos puedan continuar con los estudios.
Las familias han concurrido muchas tardes en que hemos propuesto la profundización de la Palabra de Dios (el Sacerdote vino solamente los últimos 4 días para la celebración de la Santa Misa), les hemos propuesto la reflexión de un Salmo de Laudes: cada noche, después de una breve introducción se dividían en grupos y respondían algunas preguntas para entender el significado y aplicarlo en la vida cotidiana. Luego, con simplicidad, ponían en común sus reflexiones.
Fue hermoso ver hombres, mujeres, jóvenes y niños reflexionar juntos la Palabra de Dios. La última tarde sustituimos el Salmo de la Misa con la síntesis de las reflexiones hechas por ellos y ha nacido un Salmo actualizado, expresiones de sus vidas, de sus agradecimientos y de las esperanzas que llevan en el corazón.
Inútil es decir que cuando se vuelve a casa un pedazo de corazón queda en aquellos lugares y se cultiva la esperanza de poder volver al año siguiente!
Bien, ahora los saludo y nos vemos más adelante. A todos les pido un recuerdo en la oración.
Anna Meneguzzo
villaballester@kolbemission.org.ar