
Desde el primer día de su llegada al campo de la muerte, me encontraba frecuentemente con él después de que pasaran lista pro la tarde. Aunque tuviera su cabeza habitualmente inclinada hacia adelante –tal vez a causa de su precaria salud- y hablaba despacio y en voz baja, sus palabras me infundían esperanza y fortaleza, para sobrellevar los sufrimientos del campo con gran y profunda satisfacción y alegría. Después de escucharlo ya no sentía miedo a morir, una perspectiva que nos amenazaba constantemente.
En el campo de concentración donde estábamos abrumados por los sufrimientos inhumanos y despojados de la fe, él no sólo aceptó todo como de la mano de Dios, sino que se lo agradecía y lo amaba aún más.
(Ladislao Lewkowicz, veterinario - Del libro: “Maximiliano Kolbe - Un hombre para los demás”, pag. 204)
Fue él quien me alentó a hablar, y terminé confesándome. Me sentía tan desdichado y desesperado. ¡Quería vivir! Sus palabras, por otra parte, fueron simples y profundas. Me instó a que tuviera fe firme en la victoria del bien.
“El odio no es creativo, sólo el amor es creativo”, me susurró apretándome cálidamente la mano en su ardor.
“Estos sufrimientos no nos quebrantarán sino que nos ayudarán más y más para fortalecernos Son necesarios, incluso –junto con los sacrificios de los demás- para que los que vendrán después de nosotros sean felices”.
La manera como continuó apretando mi mano tan cálidamente y el modo como refería todo a la misericordia de Dios me reanimaron.
(Giuseppe Stemler, director del departamento para la educación de Polonia - Del libro: “Maximiliano Kolbe - Un hombre para los demás”, pag. 186)
Nos instaba a que perseveráramos valientemente “No se quiebren moralmente”, nos pedía, prometiendo que la justicia de Dios existe y finalmente derrotaría a los nazis. Escuchándolo absortos nos olvidábamos por ese momento de nuestra hambre y de nuestra degradación.. Nos hacía ver que nuestras almas no estaban muertas, que nuestra dignidad de católicos y polacos no estaba destruida. Elevados en el espíritu, volvíamos a nuestros bloques repitiendo sus palabras: “No nos quebraremos, sobreviviremos, con seguridad no matarán el espíritu polaco en nosotros”
(Miecislao Koscielniak, Artista - Del libro: “Maximiliano Kolbe - Un hombre para los demás”, Pág. pag. 195)