

Ésta es palabra de Jesús, la que se hizo invitación y mandato para los primeros discípulos, y que hoy resuena en nuestros corazones, es la que nos sostiene en el vivir una dimensión misionera amplia, que abraza al mundo entero, a toda la gente y a cada hermano.
Nuestro Fundador, el Padre Luis Faccenda, totalmente comprometido en el deseo de conducir todos los hombres a Dios por medio de la Inmaculada (al estilo de San Maximiliano Kolbe) desde la primera inspiración había madurado la idea de personas consagradas a Dios al servicio de la misión universal, nutrida de una vitalidad espiritual que la hace portadora de amor, en cualquier lugar y en cualquier actividad, anunciando el Reino.
Misioneras evangelizadoras de Cristo en la propia tierra, pero también dispuestas a traspasar los límites nacionales para ir allí donde el hermano la necesita, la Iglesia la llama, el Instituto la envía.
Misioneras del amor y de la misericordia de María, como amamos repetir cada día renovando nuestra consagración a la Inmaculada, para promover al hermano en su dignidad humana y sostenerlo en su camino cristiano, a fin de acompañarlo en los interrogantes más profundos de la existencia, para compartir los gozos y las fatigas de los pueblos que viven en la precariedad, en la pobreza material y espiritual.

Testimonios misioneros de misioneras y laicos de Argentina, Brasil, Mexico y Bolivia.