
Cuando nos encontremos ante una dificultad que no consigamos superar, o cuando las tentaciones nos atormenten con insitencia, no nos desnimemos, dirijámonos siempre a Ella, con plena confianza, como niños a su madre, y Ella nos infundirá la luz y fuerzas necesarias, nos estrechará a su corazón y endulzará las mayores amarguras. Por eso, no rechacemos demasiado la cruz si es necesario llevémosla de buen grado por amor a la Inmaculada. (EK 751)
Si en este mundo no existieran las cruces, no podríamos hacer mérito para ganar el Paraíso. Las cruces, tanto interiores, como exteriores, son indispensables. La esencia del amor mutuo no consiste en que nadie nos cause disgusto sino en que aprendamos a perdonarnos unos a otros de manera cada vez más perfecta. Estemos seguros que Dios permite todo en vista de un bien mayor. (EK 935)