
Cada hombre, pues, nace con capacidades proporcionadas a la misión a él confiada y, durante toda su vida, el ambiente, las circunstancias, todo contribuirá a hacerle fácil y posible el cumplimiento de esa misión. Y en ese cumplimiento de su objetivo consiste precisamente toda la perfección del hombre; y cuanto mayor es la precisión con que realiza su propia tarea, cuanto más perfectamente cumple su misión, tanto más grande y santo es a los ojos de Dios. (SK 1010)
A la santidad se llega a través de una cotidiana negación de sí. Si es difícil, dirijámonos a la Inmaculada y Ella nos enseñará la manera de alcanzarla y añadirá las energías para ello. (SK 1358)