La oración es un medio desconocido, y sin embargo el más eficaz para restablecer la paz en las almas, para proporcionarles la felicidad, ya que sirve para acercarlas al amor de Dios. La oración hace renacer el mundo. La oración es la condición indispensable para la regeneración y la vida de cada alma. Oremos bien, oremos mucho, tanto con los labios como con el pensamiento y experimentaremos en nosotros mismos cómo la Inmaculada se adueñará cada vez más de nosotros, cómo nuestra pertenencia a Ella será cada vez más profunda en todos los aspectos, cómo nuestros pecados se desvanecerán y nuestros defectos se debilitarán, cómo nos acercaremos cada vez más a Dios con suavidad y fuerza. (EK 903)
Todas las actividades humanas están dirigidas a la madre tierra. Sólo en el momento de la oración el hombre levanta el corazón hacia el paraíso y entra en conversación con el Creador del universo, con la Causa primera de todo, con Dios. Toda buena madre se alegra mucho cuando el hijo le pide algo, pues ello es la expresión de la confianza del hijo en la bondad de su propia madre. Del mismo modo, Dios reconoce con alegría la confianza que nosotros le manifestamos en la oración. Esta oración no debe expresarse en forma rígidamente establecida. Su esencia es la petición, la acción de gracias o la adoración expresada a Dios.
El que no ora no entiende fácilmente el espíritu de oración. Además, no puede darse cuenta de la felicidad que la oración ofrece al alma, de la energía que comunica en la vida de cada día. (EK 1208)
Si Dios nos pide algo, seguramente nos llena también de energías para que podamos cumplir Su voluntad, siempre que nosotros, por nuestra parte, no descuidemos lo que de nosotros dependa.
Para obrar bien es indispensable la gracia divina y el alma puede, con toda seguridad, procurarse tal gracia mediante la oración. Nosotros disponemos de un medio muy fácil y seguro para obtenerlo: tenemos a la Mediadora de todas las gracias. Lo único que necesitamos es quererlo verdaderamente y, por lo tanto, alejarnos de Ella cada vez menos, amarla cada vez más ardientemente... reconociendo Su potencia, su universal mediación con Dios, y recurrir a Ella con confianza (SK 1217)