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El Prójimo

 

Trataba a todos con amor

El entusiasmo de Kolbe ejercía su impacto... Nos involucraba enteramente en sus actividades... como creía, así actuaba. Él mismo era altamente educado, trataba a todos con amor y sin distinción de raza, edad o educación. Sobre todo, diría, vivía para la gente laica. Por medio de sus publicaciones se empeñaba para acercarse a todos, para llegar a cada familia... quería llevar a cada hermano hacia Dios. Para mí, personalmente, el Padre era un gran hombre. (Hermano Enrique Borodziej)

 

Tenía un corazón de madre

Por un tiempo dormí al lado de él. Una noche me desperté de repente dándome cuenta de que alguien me estaba arropando suavemente los pies. Abrí los ojos y ¿qué vi? Era el Padre Maximiliano que estaba cubriendo con tanta ternura mis pies. Cada vez que me acuerdo de este episodio me fluyen las lágrimas. Me pareció entonces infinitamente bueno y tierno como la más buena de las madres. Después de esto, advertí también que secretamente daba gran parte de su ración de pan aun fraile que sufría de hambre más que el resto de nosotros. Y nuestras raciones eran tan pequeñas, que sólo quien tenía el corazón más grande podía privarse de una parte de ellas. (Fra' Juraszek - Del libro: “Maximiliano Kolbe - Un hombre para los demás”, Pág. 108)

 

No descuidó nunca el dedicarse a los otros

A causa de la fiebre alta fue transferido al área donde trabajaba yo –enfermedades contagiosas. Cuando uno tiene fiebre alta, sufre mucho si no recibe líquido. Le traje una vez una taza de té que había preservado cuidadosamente, de modo que pudiera humedecer sus labios afiebrados. Veía como se moría de sed. Para mi asombro rehusó tomarlo.“No puedo”  dijo señalando hacia los otros pacientes “Ellos no tiene nada,démoslo a ellos”. Para consolarme añadió “No te preocupes de alguna manera lo lograré. La Inmaculada sigue ayudándome”. Cuando le pregunté si quería ser trasladado fuera de la sala de tifús, me dijo que no, prefería quedarse allí de modo que pudiera confortar a los pacientes y bendecir a los muertos cuando se los llevaban. En cuanto a los enfermos y sufrientes  vivos, asumió sumisión de pastor de almas. Aprovechando su experiencia, contaba anécdotas que levantaban sus espíritus, organizaba oraciones en común, y daba charlas sobre la Inmaculada, a la que amaba con la simplicidad de un niño. Los pacientes lo amaban tanto que todos los llamaban “nuestro padrecito”. (Szweda - Del libro: “Maximiliano Kolbe - Un hombre para los demás”, pág.  178 y 179).

 

Acompañamiento espiritual

Cuando por tres meses me hallé en una depresión espiritual, el Padre Maximiliano fue como una madre para mí.Triste y abatido en el espíritu como estaba, él sostuvo mi alma, actuando conmigo con la ternura de una madre. A él le debo el haber podido salir de eso.Y no era yo el único. Vi y oí que hizo lo mismo con todos los demás hermanos sufrientes. En las conferencias que daba a la comunidad, subrayaba la necesidad para nosotros, los cristianos, de tener esperanza. (Hermano Pelagio- Del libro: "Maximiliano Kolbe - Un hombre para los demás”, pág. 118)

 
 



 

Gran conocedor del ánimo humano

Nos enseñaba teología, pero él era mucho más que un doctor en teología. Conocía las cosas, no solamente como reglas o leyes, sino a nivel de experiencia. Su meta era penetrar hasta el alma y ver que se podía hacer por ese particular y único individuo. (G. Gagis - Del libro: “Maximiliano Kolbe - Un hombre para los demás”, pág.72)

 

Amaba a los enemigos

La razón de porque al padre Maximiliano le gustaba  distribuir medallas entre los soldados alemanes todas las veces que se presentaba la posibilidad, no fue tan sólo la esperanza de atraerlos a Dios, sino también de asegurarles la intercesión protectora dela Virgen María. (Fra’ Girolamo - Del libro: “Maximiliano Kolbe - Un hombre para los demás”, pág. 124)

 

Era creativo con sus enemigos

Tuvimos una unidad de alemanes instalados en Niepokalanow para hacer guardia a un sector donde estaban almacenadas municiones. Uno de los suboficiales cayó enfermo y el Padre Maximiliano se enteró por nuestros hermanos de la enfermería. De inmediato corrió para visitar al alemán enfermo, y le dio medallitas a él y a todo su escuadrón. Los soldados quedaron profundamente impactados por el gesto del Padre. (Fray Ivo Achtelik - Del libro: “Maximiliano Kolbe - Un hombre para los demás”, pág. 124)

 

Un prisionero que nunca empujaba

Yo examinaba a los que se presentaban como enfermos y determinaba quiénes recibirían atención hospitalaria. Todos los días observaba a esas pobres criaturas que se amontonaban en el hospital, cada uno empujando y tratando de salvar su vida.Entre esa muchedumbre, mi atención fue atraída por un prisionero de más o menos mi edad, que nunca empujaba. Todo su comportamiento era tan modesto y humilde,que parecía casi pedir disculpas por estar viviendo. Invariablemente trataba de aguardar hasta que los 200 a 500, y un día hasta 1000, se apiñaran adentro.Cuando lo llamé para examinarlo (estaba enfermo de los pulmones y tenía fiebre), le dije: «Sabe qué está tan débil que lo mejor sería que lo internemos, por lo tanto, le voy a designar...». El me interrumpió para suplicar: «Pienso que estaré bien por un tiempito todavía; por qué no admitir aaquel allí», señalando a otra alma medio desfalleciente. (Rodolfo Diem - Del libro: "Maximiliano Kolbe - Un hombre para los demás”, pág.  191)