La Inmaculada: éste es nuestro ideal.
Acercarnos a Ella, hacernos semejantes a Ella, permitirle que tome posesión de nuestro corazón y de todo nuestro ser, que Ella viva y obre en nosotros y por medio de nosotros, que Ella misma ame a Dios con nuestro corazón. Pertenecerle a Ella sin restricción alguna: he aquí nuestro ideal.
Penetrar activamente en nuestro ambiente, conquistar los hermanos para Ella, de manera tal que ante Ella se abran también los corazones de nuestros vecinos, para que Ella extienda su dominio a los corazones de todos aquellos que viven en cualquier rincón de la tierra sin tener en cuenta la diversidad de raza, de lengua, y también a los corazones de todos los que vivirán en cualquier momento histórico, hasta el fin del mundo: He aquí nuestro Ideal. (EK 1210)
Pertenecer a la Inmaculada
Ser su servidor, hijo, esclavo de amor, cosa, propiedad, en fin, pertenecer a Ella bajo todos los aspectos, durante toda la vida, la muerte y la eternidad. Hacerse suyos cada vez más, de manera cada vez más perfecta, hacerse semejantes a Ella, unirse a Ella, llegar a ser en cierto modo Ella misma, para que se adueñe cada vez más de nuestra alma, se apodere totalmente de nuestro ser, de manera tal que la Inmaculada misma piense, hable, ame a Dios y al prójimo y actúe.
Quien se hace propiedad de Ella de manera cada vez más perfecta ejercitará un creciente influjo en el ambiente que lo rodea y estimulará a los demás a conocer cada vez más perfectamente a la Inmaculada, a amarla cada vez más ardientemente, a acercarse cada vez más a Ella, hasta llegar a ser totalmente, sin ninguna limitación Ella misma. (EK 1211)
Podemos consagrarnos a la Inmaculada usando cualquier expresión, siempre que renunciemos a nuestra voluntad para cumplir sus órdenes, que se nos presentan en los Mandamientos de Dios y de la Iglesia, en los deberes del propio estado y en las inspiraciones interiores.
Esta actividad de la Inmaculada será tanto más eficaz cuanto más tratemos de profundizar nuestra formación espiritual. Así pues, la consagración a la Inmaculada lleva consigo la necesidad de trabajar con vistas al perfeccionamiento de nosotros mismos y de nuestras inclinaciones.
Sólo entonces -cuando seamos perfectamente obedientes a la Inmaculada llegaremos a ser un instrumento ejemplar en sus manos apostólicas.
Seremos apóstoles con el ejemplo de nuestra vida, apóstoles mediante nuestras obras. (EK 1220)