Abrir el corazón al prójimo: nosotros amamos a nuestro prójimo, a nuestros vecinos, pero, ¿tenemos en nuestro corazón un lugar para las pobres almas enredadas en la herejía, en la incredulidad o en el cisma? Abrámoslo a ellas y hagamos lo posible para introducir a la Inmaculada en esos pobres corazones, para que Ella les lleve a la verdadera felicidad, a Dios. Hagamos lo posible para despertarlas, para que hagan algo por la Inmaculada, aunque sea lo más pequeño... Ella ciertamente no lo olvidará. Y también nosotros tendremos un mérito. (EK 1170)
Es suscitar un amor perfecto hacia la Inmaculada; suscitar este amor hacia la Inmaculada, encenderlo en nuestro propio corazón, y comunicarlo a aquellos que viven cerca nuestro; hacer arder de este amor a cada persona, a todas las almas que viven hoy y a las que vivirán en el futuro, hacer arder en forma siempre más intensa y sin restricción la llama del amor en uno mismo y en toda la tierra: ¡He aquí nuestro Ideal! (EK 1226)
Para alcanzar la finalidad del apostolado es necesario permitirle a la Inmaculada obrar en nosotros y por medio de nosotros todo lo que desee y Ella realizará seguramente milagros de gracia: y nosotros mismos llegaremos a ser santos, grandes santos, muy grandes, muy grandes, porque seremos semejantes a Ella; Ella conquistará, por medio de nosotros el mundo entero y todas las almas. (EK 556)