

Hace siete años que pertenezco al grupo misionero de Los Cerros de la Parroquia Santa Rita del Rosario de Lerma, provincia de Salta. Durante el año visitamos 21 escuelas y parajes en la Quebrada del Toro, algunos de los cuales se alcanzan en vehículo, otros a lomo de mula o caminando de 5 a 8 horas.
Los parajes están situados en la puna salteña, con un clima seco y desértico, y temperaturas bajo cero en invierno. Su economía de subsistencia es la ganadería (ovejas, cabras) y la agricultura (arvejas, habas, papas). Allí llevamos el material de catequesis a los maestros, que preparan a los niños a la Comunión y Confirmación. Con ocasión de las fiestas patronales, vamos tres o cuatro días antes para visitar las casas y reforzar la catequesis de los niños. Por la noche realizamos la celebración de la Palabra y también la catequesis con los adultos abordando algún tema en especial (la Eucaristía, la Palabra, María, los Santos, etc).
Elegí este camino misionero porque sentí la necesidad de llevar la Buena Noticia a mis hermanos más alejados, más necesitados de Dios. A El lo encuentro fácilmente estando en los cerros... porque está presente en la humildad de las personas, y hasta en el paisaje majestuoso que me dice que realmente estaba muy feliz el día que decidió crearlo.

Visitar cada hogar es una experiencia única. La gente tiene el corazón dispuesto a recibirnos, a brindarnos su hospitalidad y sobre todo a recibir a Jesús por medio de su Palabra o una oración. Percibo la sed que tienen de El. Por eso vale la pena caminar cerros y cerros. Aunque a veces sienta el cansancio, todo desaparece al entrar a una casa y hablar con mis hermanos, escucharlos y saber cuanto esperaban la visita para rezar juntos y aprender más de Jesús, que nació en un establo, vivió en un lugar parecido al suyo y murió en una cruz por ellos, por todos; o simplemente para desahogar sus penas.
Doy gracias a Dios y a la Virgen por haberme invitado a llevar su Palabra a los más pequeños. El desafío más grande es, y creo que va a ser siempre, el regreso: seguir misionando día a día en el trabajo, en la familia, con los amigos, anunciarlo con nuestra propia vida en donde nos toque estar.
Gabriela Bejarano
villaballester@kolbemission.org.ar