1. Inizio pagina
  2. Contenuto della pagina
  3. Menu principale
  4. Menu di Sezione
  1. IT
  2. EN
  3. ES
  4. FR
  5. PT
  6. PL
Contenuto della pagina

Camino

 

Nuestra vida cristiana es un camino

Nuestra vida cristiana es un camino, que yo veo orientado en cuatro dimensiones, como un programa de vida que nos ayuda a realizar lo que Dios quiere para cada uno y consiste en: ser, vivir, testimoniar, obrar.

 

Ser Cristo

Es importante saber que no estamos llamados a «hacernos» los cristianos, sino a ser otros Cristos. El es nuestra identidad. Llamados por Dios a la vida física, recibimos en el Bautismo el don maravilloso de insertarnos en El y ser una sola cosa con El: «Yo soy la vid, ustedes los sarmientos» (Jn 15,5). Ser cristianos involucra toda nuestra persona, alma y cuerpo, sentimientos, pensamientos y acciones, al punto de poder llegar a decir con San Pablo: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gal 2,20).
¡Ser Cristo! Cuidando la gracia, la vida de Dios en nosotros. Buscando el amor día a día. Entonces, la consecuencia es la coherencia de vida.

 

Vivir como Cristo

Una vez encontrada nuestra identidad, es necesario que haya coherencia, es necesario vivir según lo que creemos. Y entonces toda nuestra vida, nuestras acciones tienen que ser coherentes con la vida de Dios, esa vida que Jesús expresó proclamando las Bienaventuranzas (Mt 5,1-12).
«Felices los pobres». Simplemente, nos preguntamos: ¿Comparto con los demás mis bienes, mi inteligencia, mi experiencia?
«Felices los puros...». A veces condenamos a los que prostituyen su vida, pero nosotros ¿creemos y queremos una vida de pureza? Hay muchos aspectos vitales y cotidianos en esta afirmación de Jesús.  La vida cristiana es una conquista, ¡sobre todo de uno mismo! Si el cristianismo fuera fácil, no forjaría a hombres y mujeres verdaderos, sino «muñequitos». Pero los «muñequitos» no van al Paraíso. El Paraíso está hecho para los cristianos auténticos, aquellos que están dispuestos a seguir a Jesús, en su mismo camino de amor, que sabe renunciar a sí mismo y sufrir para dar vida a los hermanos.
Cada uno puede continuar preguntándose sobre las Bienaventuranzas. «Felices los que construyen la paz». ¿He sido constructor de paz?

 

Testimoniar a Cristo

Cuando uno es coherente y busca vivir de este modo, no hará milagros pero sus obras buenas se ven. Cuando una mujer, un hombre, están serenos, tratan de llevar la paz, no siembran el malhumor, no viven de cosas más o menos «oscuras», algo bueno se comunica a su alrededor. Parece que el mundo ridiculiza a «los buenos», pero en el fondo tiene mucha necesidad de ver esa bondad, necesita de testigos: ¡no nos cansemos de testimoniar el amor de Cristo! «A fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo» (Mt 5,16).

 

Obrar por Cristo

Y entonces, sí, nuestra vida cristiana será activa. Estará llena de obras, también escondidas, porque no importa hacer grandes cosas, organizar grandes actividades, lo importante es manifestar en las obras cotidianas ese amor de Cristo. Obrar: expresar nuestro ser cristianos, buscando que otros se animen a serlo. Pensar en una actividad, promover un apostolado para compartir lo que creemos y lo que sentimos. Y zambullirse en la sociedad sin cobardías, sin vileza, para hacer lo que la sociedad, sin saberlo, espera de nosotros; hacer lo que la familia espera de nosotros; hacer lo que Dios espera de nosotros...
En todo esto la tenemos a María como modelo y Madre. Ella, que creció en la fe y en el ejercicio de su vida junto a Cristo, camina ahora adelante como nuestra luz y nuestra esperanza. Nosotros vamos detrás de Ella, para que nuestro camino sea recto, nuestra vida sea santa y para que nazca una vida nueva para toda la humanidad.
Lo podemos hacer, lo debemos hacer. Seguramente nos costará. Pero ¿no es mejor morir al frente, que morir como cobardes? Dios ha hecho sanables a los pueblos: la historia nos lo enseña, lo he creído siempre. ¿Es posible que no haya hecho sanables a los pueblos de este siglo XXI?