Missionarie dell'Immacolata Padre Kolbe
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Eucaristía

 

Preparación a la Eucaristía

No hay mejor preparación a la santa comunión que ofrecerla a la Inmaculada(haciendo de nuestra parte, obviamente todo lo que podamos). Ella preparará nuestro corazón de la mejor manera y podremos estar seguros de procurar así a Jesús la mayor alegría, de manifestarle el amor más grande. (EK 643)

 

Finalidad de la Eucaristía

Tú, Dios infinito y eterno, me has amado desde hace siglos, me llamaste de la nada a la existencia.
Para demostrarme de cerca que me amabas con mucha ternura, bajaste de las delicias más puras del paraíso a esta tierra…viviste en medio de la pobreza…, quisiste ser colgado entre tormentos en un torpe patíbulo en medio de dos malhechores…¡Oh Dios de amor, me redimiste de este modo terrible y generoso!.
Tú, sin embargo, no te contentaste con eso, sino que viendo que habrían de transcurrir 19 siglos desde que esparciste esas demostraciones de tu amor hasta que yo apareciera en la tierra, ¡quisiste proveer también a esto!
Tu corazón no permitió que yo tuviera que alimentarme únicamente de los recuerdos de tu inmenso amor. Te quedaste en esta mísera tierra en el santísimo y admirable Sacramento del altar y ahora vienes a mí y te unes estrechamente a mí bajo la forma del alimento…Tu Sangre ya fluye en mi sangre, tu alma, oh Dios Encarnado, se compenetra con la mía, le da fuerza y la alimenta. (EK 1145)

 

Eucaristía y Beata Virgen de Lourdes

Ha llegado de nuevo el bendito mes de febrero. Bendito, ya que el día 11 celebramos todos los años el recuerdo de la Aparición de la Virgen Inmaculada en Lourdes. ¿Cómo celebrar dignamente ese recuerdo?
Todos nosotros purificaremos ese día nuestras almas y recibiremos en el corazón a Dios, que vive entre nosotros en el Santísimo Sacramento del altar. Si el día 11 de febrero alguien no puede recibir la Santa Comunión Sacramenta, no descuide la Comunión Espiritual y, en la primera ocasión, procure comulgar también Sacramentalmente. (EK 1088)

 

La Eucaristía nos hace santos

Una sola Santa Comunión basta para hacerse santos. Todo depende de la disposición interior, de la preparación. La mitad del día dedicada a la preparación, la otra mitad a la acción de gracias.
A veces una Comunión Espiritual lleva consigo las mismas gracias que la Sacramental. En las dificultades repite a menudo: “Dios mío y mi todo”. (EK 968)

 

Preparar el corazón para recibir la Eucaristía en el día dedicado a Ella

Se está acercando una fiesta que es nuestra de modo muy especial, la fiesta de la Inmaculada Concepción. ¿Cómo vamos a prepararnos para ella? ¿Qué podemos hacer para celebrarla de la mejor manera posible? Ante todo, lavaremos nuestra alma mediante el sacramento de la penitencia para quitar las manchas del pecado: así se hará, al menos en cierto modo, semejante a la Inmaculada.
Además, oremos a la Inmaculada para que prepare nuestro corazón a acoger dignamente a su divino Hijo Jesús, presente en el Santísimo Sacramento del altar: recibamos la comunión el día de la Inmaculada Concepción, día a Ella dedicado.
Después de la santa comunión, oremos de nuevo a la Inmaculada para que Ella misma se digne recibir a Jesús en nuestra alma y hacerlo así tan feliz como nadie lo ha conseguido jamás. (EK 1234)

 

El amor de Jesús por nosotros lo impulsó hasta la Cruz y al Tabernáculo

La Inmaculada suscitó en nuestros corazones el amor hacia sí misma, un amor tal, que nos impulsó a consagrarnos totalmente a su causa, o para ser más exactos, la ayuda a todas las almas para que la conozcan y la amen, y se acerquen, a través de Ella, al Corazón Divino de Jesús, cuyo amor por nosotros lo impulsó hasta la Cruz y el Sagrario. (EK 908)

 

Recibe la Eucaristía con las disposiciones de María

Recibe a Jesús en la santa Comunión y recíbelo todo de sus manos, con la humilde disposición que la Sma. Virgen María tuvo en el momento de la Anunciación: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38). (EK 987 E/ 24)

 

De la última cena a la Eucaristía

El 19 de este mes los talleres permanecerán cerrados, callará el trabajo material y una muchedumbre de fieles y muchos curiosos, aunque no sean católico, tomarán parte en la magnífica procesión anual del "Corpus Christi". ¿Por qué todo esto?
Aconteció en Cafarnaún, una pequeña localidad situada a orillas del lago de Genesaret. La gente se había reunido alrededor de Jesús y Él les había dicho: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan, vivirá para siempre y el pan que yo daré es mi carne para que el mundo viva". Cuando los judíos, habiendo tomado a la letra las palabras del Salvador, preguntaron: "¿Cómo puede éste darnos su carne para comer?", Cristo subrayó solemnemente el sentido literal de sus palabras: "En verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre, y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes... Como el Padre, que vive, me envió y yo vivo gracias al Padre, así quien me come vivirá gracias a mí. Este es el pan que ha bajado del cielo, no como el que comieron sus padres, los cuales murieron. El que coma este pan vivirá para siempre". Esta promesa del Salvador la oyó con sus propios oídos el apóstol S. Juan y la escribió en su Evangelio (Jn 6, 51-60).
Seis meses más tarde, en Jerusalén, los Apóstoles se reunieron en el cenáculo en torno al Salvador para comer el cordero pascual. Fue aquella Última Cena, el momento de la separación, en la que el Salvador había establecido poner en práctica la promesa que había hecho medio año antes. 
Y desde aquel momento el sacrificio de la santa misa apareció sobre la tierra. Inicialmente en los sótanos de las catacumbas y después en un número de Iglesias cada vez mayor.
Y el 19 de junio el sacerdote, sucesor de los apóstoles, obediente a la orden del Hombre-Dios, repetirá en su memoria la conmovedora escena de la Última Cena. El pan se convertirá en el Cuerpo vivo de Cristo y el vino en su Sangre santísima. (EK 1059)