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Apostolado

 

En qué consiste el apostolado

Abrir el corazón al prójimo: nosotros amamos a nuestro prójimo, a nuestros vecinos, pero, ¿tenemos en nuestro corazón un lugar para las pobres almas enredadas en la herejía, en la incredulidad o en el cisma? Abrámoslo a ellas y hagamos lo posible para introducir a la Inmaculada en esos pobres corazones, para que Ella les lleve a la verdadera felicidad, a Dios. Hagamos lo posible para despertarlas, para que hagan algo por la Inmaculada, aunque sea lo más pequeño... Ella ciertamente no lo olvidará. Y también nosotros tendremos un mérito. (EK 1170)

 

La finalidad del apostolado

Es suscitar un amor perfecto hacia la Inmaculada; suscitar este amor hacia la Inmaculada, encenderlo en nuestro propio corazón, y comunicarlo a aquellos que viven cerca nuestro; hacer arder de este amor a cada persona, a todas las almas que viven hoy y a las que vivirán en el futuro, hacer arder en forma siempre más intensa y sin restricción la llama del amor en uno mismo y en toda la tierra: ¡He aquí nuestro Ideal! (EK 1226)

 

Como alcanzar la finalidad del apostolado

Para alcanzar la finalidad del apostolado es necesario permitirle a la Inmaculada obrar en nosotros y por medio de nosotros todo lo que desee y Ella realizará seguramente milagros de gracia: y nosotros mismos llegaremos a ser santos, grandes santos, muy grandes, muy grandes, porque seremos semejantes a Ella; Ella conquistará, por medio de nosotros el mundo entero y todas las almas. (EK 556)

 

Medios para el apostolado

Caballeros, Milicia, batalla: se tratan de términos que tienen un sabor bélico, ya que se refieren a la guerra. No a una guerra que se combate con ayuda de carabinas, de ametralladoras, de cañones, de aviones, de gas asfixiante; sin embargo, una auténtica guerra. 
¿Cuál es tu táctica?
Ante todo la oración. Por desgracia, los católicos menos instruidos respecto a la obra de la perfección del alma, muy a menudo piensan lo contrario. El trabajo, la acción: he aquí, según su idea, el fulcro de la actividad. Pero no es así. La oración, sobre todo la oración es el arma más eficaz en la lucha por la libertad y la felicidad de las almas. ¿Por qué?
Sólo los medios sobrenaturales llevan a su fin sobrenatural. El paraíso, es decir, si está permitido expresarse así, la divinización del alma, es una realidad sobrenatural en el sentido pleno del término. Por consiguiente no es posible alcanzarlo con fuerzas naturales. Es indispensable, también un medio sobrenatural, la gracia. La gracia, sólo la gracia que ilumina el intelecto y refuerza la voluntad es la causa de la conversión, es decir, de la liberación del alma de las ataduras del mal. 
Pero una oración elevada a Dios por las manos de la Inmaculada no puede quedar sin efecto, como dice la invocación de San Bernardo: "Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado". Ante todo, la oración humilde, confiada, constante.
 
En segundo lugar la mortificación... La mortificación es necesaria e indispensable para todos nosotros, ya que también por medio de ésta obtenemos la gracia divina. Como el oro en el fuego, así en la mortificación, el alma se purifica e irradia su amor, se hace más semejante a Dios, más agradable a Él y por eso mismo más capaz de recibir gracias abundantísimas para sí y para sus pobres hermanos. ¿Puede existir un amor a Dios sin sufrimiento?!...

En fin, el amor al prójimo. Amar al prójimo, no porque este sea simpático, útil, rico, influyente o sólo porque es agradecido. Son motivos demasiados mezquinos, indignos de un caballero o de una dama de la Inmaculada. El amor auténtico se eleva por encima de la criatura y se sumerge en Dios: en Él, por Él y por medio de Él ama a todos, buenos y malos, amigos y enemigos. ¡A todos les ofrece una mano llena de amor, por todos ora, sufre a todos les desea el bien, la felicidad, ya que es Dios quien lo quiere...
El que, con la oración a la Inmaculada en sus labios o en lo profundo de su corazón, purificado por el sufrimiento e inflamado por un ardiente fuego de amor a Dios, empujado por este amor, hace lo que puede para ganar el mayor número de almas para Dios a través de la Inmaculada, librarlas de las ataduras del mal y hacerlas felices, él y sólo él celebrará el triunfo. (EK 1075)