

De regreso a Polonia, desde Japón, el Padre Maximiliano es nombrado Guardián de Niepokalanow. Sus compromisos se desempeñan en dos direcciones muy precisas: reorganización de las actividades y formación de los frailes. Escribe a la comunidad de Japón:
“He organizado mi tiempo de este modo: hacia el mediodía me quedo en mi cuarto y recibo a los hermanos que quieren decirme algo o tienen necesidad de consultarme, etc., mientras que por la tarde deseo visitar todos los ambientes, todos los talleres de trabajo e ir a ver a cada uno en su puesto de trabajo, tanto de día como de noche” (EK 678).
Como Guardián de los frailes y director del centro editorial ante todo, siente la necesidad de reorganizar las actividades de Niepokalanow para favorecer la vida espiritual de los religiosos.
Instituye doce secciones de actividades (hasta ese momento eran cinco).
En la reestructuración como primer sección está indicada la M.I. Niepokalanow y eso afirma que es el más importante.
“Nosotros, en realidad, entramos en la orden, con el solo fin de llegar a ser santos... solo tenemos que empeñarnos en la obra de conversión y santificación nuestra y de los demás bajo la protección de la Inmaculada y por su mediación; y este es precisamente el fin de la M.I. Así pues, empezamos por nosotros mismos, por la M.I. de los habitantes de Niepokalanow” (EK 1238).

En primer lugar pone la formación espiritual sin olvidar la cultural.
Con respecto a la formación, el Padre Kolbe hace esta reflexión:
“He reflexionado muchas veces sobre el hecho de que Jesús, para formar a los Apóstoles, no se basaba en los castigos, sino que los formaba con el corazón” (EK 950).
Sobre la oración afirma:
“El Padre San Francisco habla en la Regla, «que los frailes no apaguen el espíritu de oración», el espíritu que consiste en elevar siempre el pensamiento a Dios; el pensamiento, es decir, la propia intención en el obrar, para trabajar, descansar y también orar públicamente solo porque esa es la voluntad de la Inmaculada, para agradarle a Ella y a través de Ella, al Sagrado Corazón de Jesús” (EK 878).
A Fray Enrique de Nagasaki, escribe:
“Ayúdense mutuamente en la Inmaculada con la oración, con el buen ejemplo y la caridad fraterna, una caridad tierna, cordial y dispuesta al sacrificio” (EK 798).

El Padre Obidzinski y fray Luca recuerdan:
“Durante mis visitas al convento me llamó la atención cuánto tiempo dedicaba el Padre Kolbe para leer la Sagrada Escritura. Cada vez que iba a buscarlo, encontraba siempre la Biblia abierta sobre el escritorio”. “Muchas veces se acercaba a Jesús Eucaristía, al Sagrario. Decía: «Aquí está nuestra fuerza, aquí está nuestra fuente de santificación».
El Padre Kolbe remarca que el amor, después de habernos conducido a la consagración, desemboca en la actividad apostólica:
“Consagrarse totalmente a la Inmaculada como instrumento en sus manos inmaculadas, por lo tanto, no somos nosotros, sino Ella quien debe actuar en nosotros y a través de nosotros, como instrumentos, según el espíritu de la Milicia” (EK 1330).
“Ser de Ella, de Ella sin límites: he aquí el sol que ilumina la vida de muchos, muchísimos corazones. Cuando el fuego del amor se enciende, no encuentra sitio en el corazón, sino que se propaga fuera de él, enciende, devora, absorbe otros corazones. Conquista cada vez más almas para su ideal, para la Inmaculada. El Caballero de la Inmaculada sabe que éste es el único camino para alcanzar la santidad más fácil y sublime" (EK 1325).
En estos valores y a través de estos ideales Maximiliano forma a sus frailes y busca reconstruir en Niepokalanow el clima espiritual de Nazaret, llamando a los fieles a la coherencia cristiana, y trabaja para hacer del mundo entero una gran Niepokalanow.