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Duodécima etapa

SALTA!
Para comprender hacia dónde vas pero también hacia donde quieres ir...

Sabes que leí lo que me dijiste la otra vez, la lectura de los dos discípulos de Emaús... me gustó mucho. Me identifiqué con los dos: un poco creen y un poco no creen... ¡linda gente! Se me parecen (o ¿yo me parezco a ellos?) Lo más probable es la segunda hipótesis.

En estas semanas estoy intentando hacer lo que me sugeriste: tomé la Palabra de Dios, (sólo el Evangelio, porque el Antiguo Testamento me parece demasiado difícil) y comencé a leer, a subrayar... pero te digo que no es todo tan simple como me parecía de lo que me escribiste en tu e mail ¿eh? También si leo y releo más de una vez el pasaje, no siempre llego a entender lo que quiere decir... Pero ¿por qué, cuando tu escribes, parece todo fácil y cuando intento yo, no?

Por ejemplo, el otro día leí que Jesús dice a sus discípulos de no usar tantas palabras para rezar como hacen los paganos porque el Padre sabe lo que hay en nuestro corazón... pero si las cosas son así, entonces ¡es inútil rezar! Si Dios ya sabe todo, ¿por qué debo esforzarme tanto en hablarle? Mi razonamiento es justo... pero no estoy convencido del todo ni siquiera yo, tengo dudas y no no se si
estoy yendo por mal camino. Pero el Evangelio dice eso que te escribí antes.
Leelo también tu: Mateo 6,7-8 (o una alternativa ¿podría decir que me han vendido una copia falsa del Evangelio?)

Si quieres, pide consejo a un amigo y continua...