Missionarie dell'Immacolata Padre Kolbe
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Mariana

Ser, vivir, ser testigo de María

 

La entrega total de nuestras vidas a María, la Madre de Dios, es la base de nuestra espiritualidad.
Comenzamos cada día con esta voluntad, esta decisión, este acto interior, esta oración: “Virgen Inmaculada, te recibo como don de Jesús desde la Cruz y me entrego totalmente a ti”. Es nuestro carisma, o sea el don especial que recibimos de Dios.
Antes de morir en la Cruz, Jesús nos dejó a su propia Madre como Madre de la humanidad y nos la entregó a cada uno, tal como lo relata el Evangelio según san Juan. (Jn, 19-,26)
«Mujer,aquí tienes a tu hijo». «Aquí tienes a tu madre».
Era el momento culminante de la donación de amor de Jesús para la salvación del mundo: por eso al recibir esta Palabra nos sentimos llamados a expresarla en nuestro ser, en nuestro estilo de vida y con nuestro testimonio y acción para el bien de los demás.
Expresamos nuestra pertenencia a María en nuestro mismo ser: la entrega recíproca nos va transformando interiormente, de modo constante y gradual. Nuestra meta, nuestro ideal es ser María. Nadie mejor que Ella vivió de Dios y para Dios.

 

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